Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Y yo por qué te cuento ésto...

Pasada fugaz (no, no me he muerto)

Marilia | 15, nov

Sin excusas,  me paso por aquí unos segundos dispuesta a quitar el polvo de una pasada rápida a esta mi casita.


Cada vez me meto en más berenjenales. Decidí incluso dejar las clases de francés para poder continuar con todo lo que me traigo entre manos, y además poder tener tiempo libre; visto que los fines de semana me toca trabajarlos con todas sus horas, el tiempo libre, aunque entre semana, es bien apreciado.


Y es que por fin me he decidido. Me centraré en estudiar: para opos, y sobre todo para la especialidad que quiero, que es a lo que me dedico, y este año tengo la oportunidad de obtenerla sin pasar por período de prácticas, sólo con un examen.


Así que tengo ésto paradito, aunque no totalmente abandonado, porque abandonarlo completamente me daría pena. Digamos que me lo he tomado relajadamente, quizás con excesivo relax. Pero como dije antes, quiero que mi tiempo libre no lo vea como una obligación, como algo impuesto, sino algo que disfrute realmente.


Últimamente me ha dado, más fuerte si cabe, por la repostería. Siempre he sido muy cocinillas, me encanta experimentar, y parece que ahora me lo estoy tomando algo más en serio.

Todo empezó porque probé un pastel delicioso, muy llamativo, el "red velvet cake". Un amigo del curso de francés me dijo que era una compañera de trabajo la que se dedicaba a hacerlos. Busqué la receta y vi que necesitaba colorante alimentario. Me puse en contacto con esta chica para preguntar cómo conseguirlo, me metió el gusanillo de experimentar con cosas nuevas, y empecé a ver cosas por internet que hacía la gente alucinantes, algunas parecían dulces imposibles de hacer, y daba pena comérselas.

Esta chica tiene un blog culinario, Kinycookies. Al descubrirlo, añadido al hecho de que he descubierto montones de blogs llenos de cosas deliciosas, de gente que comparte sus recetas, decidí abrirme también uno.

Lo llevo lento, muy parado, como el ritmo que he cogido para muchas cosas últimamente, pero espero poder entrar de vez en cuando para actualizar.

De momento, os dejo con él hasta próximas actualizaciones. Espero que lo saboreéis

Aquí está mi cuchara en las nubes

Si vuelves

Marilia | 30, may

La última vez que escribí hablaba de amores suspendidos en el aire...

Hace unos meses di a través de internet, no debería decir por casualidad aunque ésta influyese, porque yo misma lo provoqué, con un antiguo amor. El que diría que fue mi primer amor. La primera persona que en aquella tierna edad de 17 años me llegó a quitar el sueño, a la que dediqué tantas letras de ingenuos versos, esa persona con la que podría haber tenido una gran historia de amor si no hubiésemos sido tan jóvenes, y no hubiésemos vivido tan lejos, y además no hubiese mediado mi madre entre ambos...

 

Creo que cuando le vi fue eso que llaman amor a primera vista. Debo creer en ello porque lo he sentido, aunque para mí resulta a la vez una contradicción, porque las cosas que me conquistan realmente no son las que se cuelan a través de los ojos. Pero en este caso, además de aquellos ojazos azules y esos sensuales labios, resultó que nos reíamos mucho juntos, que teníamos gran complicidad, que nos entendíamos bien... Tanto... que creo que llegó a asustarse, y que por ese motivo, por ese miedo, un día desapareció, así, sin más. Obviamente, quien desaparece no quieren que le busquen, por lo que no quise importunar con preguntas que quedaron sin respuesta, y yo me quedé con mis ganas.

 

Un día, un año después de nuestro primer encuentro, se presentó por sorpresa en mi casa. Y así, sin más, tal como había desaparecido, sin una llamada previa, ni haber dado señales de vida en todo ese tiempo, llamó un día cualquiera a mi puerta. Era casi media noche, casualmente mi madre había salido de viaje y gracias a eso pude salir a dar una vuelta, puesto que mis horarios eran muy restringidos por aquel entonces y aquella era más bien para mí una hora de llegada que de salida.

 

No sé si pregunté o no quise hacerlo y preferí eludir la pregunta de qué había pasado en ese tiempo y porqué se fue asi. Era raro, como si no hubiese pasado nada. Nos caminamos toda la ciudad, tomamos algo aquí y allá, charlamos mucho, nos dimos cuenta que a pesar de todo ese tiempo y esa marcha súbita seguía viva la misma complicidad... Pero yo recelaba de quien se había marchado sin despedirse, y a la vez me moría de ganas de volver a besar aquellos labios, y a la vez no le quería dar el gusto de salirse con la suya cuando no lo había merecido. La noche se hizo larga, él me buscaba, yo me escabullía, una y otra vez... y al final sucumbí. La atracción era mucho más fuerte que todo eso, y yo de dignidad, de orgullo, por desgracia he entendido siempre poco.

 

Desde aquel día todo volvió a ir estupendamente, la verdad es que fueron días felices, y conseguíamos vernos más de lo que hubiese imaginado para la distancia que nos separaba, y la poca independencia de la que podíamos disfrutar por aquel entonces.

 

Pero nada dura para siempre... Una llamada a mi casa desencadenó todo. Ojalá hubiesen existido los móviles en aquella época. Bueno, existían, pero era un objeto casi de lujo.

Mi madre respondió al teléfono, e intentando protegerme empezó a aplicarle el tercer grado para saber de qué palo iba; el chaval en cuestión se acojonó (en descargo digo que yo también lo hubiese hecho en similares circunstancias), y salió huyendo. Fue la última llamada que tuve. A mí no me dijo nada. Sólo volvió a dejar que el silencio fuese quien hiciese de despedida, y eso sí que no se lo perdoné.

 

Ahí fue cuando me empecé a dar cuenta de que odiaba esa actitud de no tener el valor suficiente para hablar las cosas, para decir "adios". Ser asertivos. A veces las palabras no son la solución, o no sólo ellas, pero sin hablar tampoco hay camino que se pueda seguir, porque lo que no se habla queda como una herida latente. Las verdades duelen, pero es necesario que sean oídas para pasar página. Al menos pude aprender eso de esta historiam, y de alguna otra que siguió después en las que no tuvieron valor para decir las cosas a la cara, ni siquiera un adios.

 

Aquella historia dolió. Por demasiado tiempo, más de lo que yo hubiese imaginado. Ha sido una persona que de un modo u otro, aunque fuera en forma de recuerdo, ha estado presente en mi vida. Y nunca dejé de preguntarme qué sería de él, dónde andaría, y todas esas cosas que piensas sobre aquellas personas que de algún modo u otro fueron importantes en tu vida y ya no están.

 

Eso fue hace unos 12-13 años. Y 12-13 años después, enredando en internet, di con él. No estaba segura de que fuese esa persona, sólo había un nombre y el primer apellido. Pero probé suerte al entablar contacto y era él. Se alegró de reecontrarme. Y recuperamos el contacto a través de las letras. Como cualquier otro reencuentro después de tantos años, ha sido algo curioso y bonito, aunque estuviera desprovisto de los sentimientos de entonces.

 

Casualmente tenía que viajar a su ciudad al poco tiempo, y pensamos que sería una buena idea volver a vernos, saber cómo habíamos cambiado nosotros, nuestras vidas, desde entonces, matar la curiosidad, y contestar tantas preguntas que entonces quedaron en el aire. Reconozco que tenía muchas ganas.

 

Supongo que hay cosas que no cambian, que cuando las cosas funcionan es porque hay algo en el fondo que hace que funcionen; al igual que lo que desde un principio va mal , difícil será encontrarle solución.

Hay cosas que no cambian... pero sí las circunstancias, y las mías no daban pie a una tercera oportunidad, ni yo en estas circunstancias se la hubiese dado.

 

Debo confesar mi puntito de maldad. Cuando le encontré deseé que al volver a vernos se despertaran por su parte aquellos antiguos sentimientos, aunque yo en mi vida actual no iba a permitir que surgieran en mí, y que ojalá se diese cuenta de que había perdido la oportunidad de estar con alguien que hubiese intentado hacerle feliz, y quizás hasta lo hubiese conseguido. Pero no soy tan cruel, y después de fantasear con la idea, no me atreví a llevar ningún plan a la práctica que no fuese ser yo misma, dejar fluir lo que nos saliese de dentro, saber de él y de su vida hasta entonces, y saber además las respuestas de las preguntas que me hice tras su marcha; quizás también un poco echarle en cara que se fuese sin despedir, que lo entendiese, que me entendiese. No es rencor, sólo resolver dudas para cerrar por siempre heridas. Sólo quería hacerle saber que me hizo daño, y que me marcó. Aunque creo que él ya lo intuía y no le era indiferente.

 

Y aunque no llegué a poner a cabo ningún plan, trece años después he podido escuchar de su boca palabras que no sabe cuánto hubiese deseado haber oído entonces. Aun sin hacer nada para buscarlo, resurgieron sentimientos, incluso más intensos, por la atracción que le causaba una persona a la que el tiempo ha hecho madurar, al menos algo, porque también se ha dado cuenta de que sigo llena de sueños y sin posar los pies en el suelo más de lo necesario... Y se ha dado cuenta de que yo podría haberle hecho feliz. Aunque, ahora, no sé si la persona que es él hoy día, podría haberme hecho feliz a mí...

 

Pero siempre nos quedará una bonita amistad, y creo en ella, creo que es posible y que estamos en el camino.

 

Todo este tostón de historia que he soltado viene a cuento de algo que siempre he pensado. Siempre creí que cuando deseas algo con todas tus fuerzas se cumplen tus deseos. Creer en algo, tener fe en que llegará, hace que lo estés rozando con la punta de los dedos. Y quizás estos deseos siempre se cumplen, pero quizás, a menudo, no sepan elegir la fecha correcta en que deben hacerlo.

 

Cuidado con lo que deseas, porque se podría hacer realidad...

Buceando entre letras

Marilia | 12, may

Incitada por un amigo coctelero para que buscase algo con motivo del libro que conmemorará los cuatro de este portal, hoy me he visto obligada a hacer un repaso de mi vida bloguera. Ha sido una experiencia intensa volver a recordar todo aquello que salió de mí, y hasta diría que hay que estar preparado para desenterrar tanto que quedó bajo letras lejanas y ya perdidas en el recuerdo.

Este blog acaba de cumplir dos años y no estuve con él para celebrarlo; sumado al tiempo que dediqué al anterior blog, me faltan días para cumplir tres años de bloguera, algo que me nació casi de manera accidental, sin saber qué objetivo tendría escribir aquí. Así que he acompañado a La Coctelera en buena parte de su tiempo. Me siento feliz y orgullosa por ello.

En este repaso del blog, y del que escribí antes de mudarme hasta aquí, me ha asaltado la nostalgia. Tantas palabras, tantas imágenes, tantas canciones, tantos amigos que pasaron y quedaron... Que me ha hecho sentir y pensar. Éste lugar me ha dado mucho en todo este tiempo, y no merece que lo trate con la indiferencia que está recibiendo últimamente por mi parte. Tengo mis razones, pero puede que sean sólo excusas, puesto que siempre, tuviese lo que tuviese que hacer, siempre encontré hueco para esta pequeña criatura que nació de mí, y que vosotros ayudásteis a crecer.

Y aquí estoy, intentando buscar arrancarme tantas cosas que podría contar, buscando bonitas palabras con las que hacerlo, y pidiéndole perdón a este pequeño ser si alguna vez se sintió abandonado, que no era mi intención, que siempre has estado ahí, que ahí seguirás estando siempre, aunque no venga a verte tan a menudo. Al fin y al cabo la verdadera amistad es así, da igual el tiempo que pase, que las cosas no cambian, parece que nos hubiésemos visto el día anterior.

Seguiré buceando por si encuentro algo digno de ser publicado, sin saber qué pudiera llegar a alcanzar tal honor, ni si yo tuviera algo de eso entre mis letras, sin saber qué poder entregar para que otros consideren que mereciera ser leído más allá de este lugar que es mi humilde rincón. Y os animo a que vosotros hagáis lo mismo, que si os leo es porque sé que tenéis mucho que ofrecer, a mí y al mundo.

Mi lista negra

Marilia | 17, mar

Pilar Rubio


Edurne


Carolina Cerezuela


Eva González


Kira Mirò


Mar Saura


Berta Collado


Natalia Verbeke


Monica Bellucci


Nuria Roca

 

Patricia Vico

 

Tira Banks

 

Sonia Ferrer

 

Leire (La Oreja Van Gogh)

 

Beyoncè

Y seguro que alguna más que me dejo en el tintero... Pero sobre todo Pilar Rubio.

Por culpa de todas ellas dejo de ser momentáneamente, cuando aparecen por la tele, la reina de mi casa

Aunque claro, si yo fuera hombre seguramente también preferiría mirar la tele...

Tampoco puedo con las cubanas (no sé si hago bien hablando en plural, pero por extensión). Aunque eso ya es otro tema personal...

Eah, ya me salió un post pa deprimirse del tó (los hombres pensarán totalmente lo contrario, ejeje)

Cambios

Marilia | 2, mar

Pienso en darle un giro radical a mi vida dejándola tal como está. O intentándolo al menos, que no es poco ni fácil...

Y cambiemos de tema, que me aburro de tanta historia de ésta...

Cosas que contar

Marilia | 25, feb

A veces pienso que nunca me pasan cosas lo suficientemente importantes como para que merezcan ser contadas.

Otras veces pienso que me pasan cosas tan importantes que no les encuentro sitio aquí para contarlas.

Lo que vives, lo que piensas, lo que sientes. Un blog está hecho de eso. Gente que cuenta lo que vive. Personas que cuentan lo que piensan. Gente que traduce a palabras lo que siente. (piensa sino qué nos cuentas tú, cómo es el tuyo). Y el mío es un batiburrillo indefinible que no tiene directrices, hace lo que le da la gana según surge, no tiene orden, no sabe a priori qué camino seguir. Aunque nunca deje de caminar.

Porque es esa la intención. No dejar de caminar. Aunque a veces no tengas ni idea de cómo dar el siguiente paso.

Ay, amigo...

Marilia | 7, feb

Con la noche por amante, los oscuros tugurios donde parecer crápula o serlo, de suspiros bohemios, de miradas furtivas, de caricias bajo cuerda, dando la espalda a la rutina, con la soledad de elegida compañera entre tantos corazones que pudiste elegir, y tantos otros que rompiste, con no más horarios que es de día porque te levantas y de noche porque te acuestas, sin mirar al cielo para ver sol o estrellas, sin mirar el reloj para comer y dormir, ajeno a los tic-tacs...

Con la sonrisa de la vida en el filo de una navaja, las borracheras de piel y licor, el frío que abriga una cama vacía al amanecer, que guarda aun el calor de la madrugada pasada, con el juego de miradas que sólo tú sabes hacer, con tus palabras embaucadoras y tu voz como arrullo roto.

Las ciudades tan llenas de gente y tan vacías de personas, que pasan a tu lado y no existes, hasta que se cruzan de bruces contigo, de manera casual, o provocada. Un disculpe, un "¿estás sola?", un no dejar que lo estés nunca más, no al menos esta noche. Porque un instante es tan eterno como queramos que sea.

Caminar de madrugada por calles vacías y degustar el sabor de la fría noche, de las horas en calma, en las que todos duermen y tú les miras. De sorprender la mañana como un ladrón que entra por la ventana para robarte el sueño, o para devolvértelo pidiendo disculpas.

Te envidié, y quise ser como tú. Pero ya había elegido antes ser todo lo contrario. Y ahora no soy más que la mezcla de ser y de fui, de parecer y anhelar...
Sagitario de alas mojadas con la lluvia que un día invocaba para refrescar un corazón que ardía de vacío..

Inspirado en alguien famoso y en otras vidas bohemias anónimas que conocí, que quizá algún día, algunos instantes, pudieran haber sido la mía, o algo así...

Texto rescatado del 29/08/07. Me apeteció volver a publicarlo, puesto que creo entonces pasó desapercibido y quería compartirlo de nuevo.

Vuelta a casa

Marilia | 31, ene

A veces una se marcha sin querer marcharse, sin habérselo planteado siquiera, porque sí, porque da la casualidad de que surge así. Y después no sabes cómo volver, incluso te planteas si quieres volver... Supongo que sí, que quien nunca quiso marcharse siempre tendrá un motivo para querer volver.

Y quizás en cierto modo es lo que estoy pretendiendo ahora que no se me ocurre otra manera...