Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Reflexiones sin pies y con cabeza

El vicio de desperdiciar

Marilia | 24, ago

Hoy no era el mejor día para pasearse por aquí, porque ando un poco peleada con la informática (bueno, con este ordenador) y con el mundo (mejor dicho, con mi mundo). Lo primero no sé si se solucionará sólo, o así lo espero, como ha sucedido en otras ocasiones; lo segundo, más pronto que tarde, porque yo soy así.

A veces la nostalgia se llama blog. Y también las telarañas, el polvo, el pasado, el presente, los amigos, tu vida...

Soy una experta en tirar el tiempo por el wáter. Y tirar luego de la cadena por si me quedó alguna duda.

El ser humano es así. Más tienes, más desperdicias. De todo. Pierde su valor, deja de parecerte valioso. Como el niño que tiene cien juguetes y le regalan uno más. Ya no le hace ilusión ni ése, ni los anteriores. Ni siquiera juega. Se dedica sólo a pedir uno más. Todo pierde su sentido.

Pues así funcionamos: el tiempo, el dinero, el amor, los sueños cumplidos... Sólo los que han tenido poquito lo saben apreciar.

Tengo suerte porque he tenido poco de todo y ahora, que tengo bastante de mucho, puedo apreciarlo. Sólo que a veces se me olvida.

En este mismo instante, con tantas obligaciones entre manos, con tantas aficiones de las que disfrutar, me puede la pereza, maldita pereza que me arrastra, y sólo soy capaz de dejar escapar el tiempo. Y quitar alguna telaraña de por aquí... Al menos es algo...

Con la Iglesia hemos topado...

Marilia | 12, may

Hace unos días fui a una misa. Yo, que no fui ni a la de mi Primera Comunión. Pero era una misa por un ser muy querido de la persona más querida, y no pude decir que no.


Acudir a tal evento me ha hecho despreciar aun más la Iglesia. Aun retumban dentro de mí los "Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa" que entonaban los presentes mientras se golpeaban el pecho para resarcir de este modo sus pecados. Esta frase me ha hecho recordar que la Iglesia no quiere seguidores, sino esclavos, súbditos, gente dispuesta a creerse pecadora sólo por el hecho de existir, gente que se sienta culpable sólo por el hecho de existir. La ley del miedo. Si pecas, irás al infierno.


Y todos, señoras y señores, todos los seres humanos somos de algún u otro modo pecadores. Es inherente a la condición de ser humano. Lo que no entiendo es que por el mero hecho de contárselo a un señor que va vestido de largo, al que por culpa de ésto han convertido en el ser más cotilla del mundo, me den el pasaporte para ir al cielo, y si no, vía libre hacia el infierno.


Hay pecados que nunca contaré; los hay que conté y me arrepentí, o que no conté y me arrepentí, o simplemente no me arrepentí aun siendo consciente de ello. Porque no los considero pecaminosos, o porque simplemente tuvieron una razón para que así hubiesen existido.

Y sin embargo me creo buena persona, o al menos lo intento, porque al fin y al cabo ser persona incluye ser imperfecto. No tiene que mediar la Iglesia ni el miedo por delante para que yo quiera ser así. No necesito ir a misa para demostrárselo a nadie, más allá que a la gente que me rodea, ni lo hago porque espere ir a un incierto Cielo, sino para poder tener un poquito de ese Cielo en la Tierra.


A pesar de todo, creo que las bases del cristianimo, si borramos esa sumisión, esa sensación de culpabilidad y demás cosas que no tengo muy claras si las dijo Dios o la Iglesia, son buenas. Ya lo dijo Sabina: "Jesucristo, el primer comunista". Y es bueno querer ser bueno.

Pero alguien quiso hacer de sus palabras un negocio. Tu miedo da poder a otros. Y así fue cómo, usando este miedo del pueblo llano, se forraron de dinero y poder en antiguas épocas curas, obispos, sacerdotes y demás, cambiando la historia a su antojo para usarla en beneficio propio. Y esta manera de interpretar la palabra de Dios aun pega sus coletazos cuando dejan que sean otros los que piensen en tu lugar qué está bien o qué está mal, los que someten tu voluntad a tal grado de sumisión.


A lo que quería llegar... Que asistir a esa misa por la que ha surgido todo este discurso me ha hecho insistir en algo que tengo muy claro.  Se lo he dicho a mi pareja y se lo he dejado muy, muy clarito. Si me muero antes que él, que va a ser así, porque soy muy puñetera y me voy a ir antes para no quedarme llorándole, que mejor me llore él, decía, que si me muero antes, ni se le ocurra hacerme una misa ¡Ni-se-le-o-cu-rra! Que le tengo advertido, con estas mismas palabras, que como se atreva soy capaz de venir del otro mundo a darle por culo por no cumplir mis últimos deseos...  Y sabe que soy capaz....

Cristal

Marilia | 6, jun

Cuando eres tan transparente corres el riesgo de que alguien se estrelle contra tí, rompiéndote en mil pedazos.

(Paréntesis)

Marilia | 26, mar

Me he creado nuevas rutinas que no me dan tiempo a pensar, a sentir, que no me dan tiempo simplemente, aun teniendo todo el del mundo...

Aunque quizás debiera dejar de confundir tiempo con ganas, o con voluntad...

Cosas que contar

Marilia | 25, feb

A veces pienso que nunca me pasan cosas lo suficientemente importantes como para que merezcan ser contadas.

Otras veces pienso que me pasan cosas tan importantes que no les encuentro sitio aquí para contarlas.

Lo que vives, lo que piensas, lo que sientes. Un blog está hecho de eso. Gente que cuenta lo que vive. Personas que cuentan lo que piensan. Gente que traduce a palabras lo que siente. (piensa sino qué nos cuentas tú, cómo es el tuyo). Y el mío es un batiburrillo indefinible que no tiene directrices, hace lo que le da la gana según surge, no tiene orden, no sabe a priori qué camino seguir. Aunque nunca deje de caminar.

Porque es esa la intención. No dejar de caminar. Aunque a veces no tengas ni idea de cómo dar el siguiente paso.

Desequilibrada

Marilia | 26, dic

Es lo que me pasa por actuar por impulsos. No lo pensé. Y aquí me veo de nuevo. Creo que esto es demasiado cariño como para, por un punto de locura, abandonar y echar de nuevo el cerrojo. Lo echaba de menos. Alguien me dijo que hiciera lo que me apetecía realmente. Y tras pensarlo, creo que lo que me apetecía era no marcharme, no dejar esto atrás.

Caballo. No me acordaba de mi signo zodiacal chino y lo miré. Caballo. Y para colmo Sagitario. Que juntándolos creo que viene a ser como ser Caballo al cuadrado, o Sagitario doblemente. ¡¡La leche!! Y lo peor es que creo que lleva razón eso que dice el Caballo de mí... Y lo peor es que coincido en muchas de las definiciones de la forma de ser de Sagitario... Y lo peor es que me gusta...

Aunque hay un par de cosas en las que claramente discrepo sobre lo que cuentan de este signo del horóscopo chino: No soy para nada impaciente, todo lo contrario, tengo paciencia para dar y regalar, casi rozando el récord de los Guinnes. Y eso de que exijo demasiado a los demás, tampoco creo que sea así. Aunque depende de en qué aspecto, pero disfruto tanto o más dando que recibiendo. Disfruto muchíííísimo dando. Con una puntualización: quizás emocionalmente siempre exija demasiado... Ahí sí que no me gusta estar en inferioridad a la hora de dar, soy una esponja de cariño, y reconozco que quiero recibir al menos tanto cuanto doy.

Que me voy por las ramas... Caballo, Sagitario, impulsividad, hablar antes de pensar... O dejar de hablar, escribir, antes de haberlo meditado... Fue todo de golpe. Hice maletas y me marché; eso sí, dejando nueva dirección. Se supone que es muy así sagitario. Claro, siendo así a veces nos toca pedir disculpas cuando recapacitamos. Y en cierto modo, quizás ésto sea algo así.

Echaba de menos este mi hogar. Me vi unos instantes desubicada, pero fue realmente con la mudanza cuando me sentí así. Así que he vuelto. Echaba de menos ésto demasiado. Y el esfuerzo que ha costado llegar hasta aquí. Y el cariño que he cogido a este lugar. Y todo lo que supone.

Deshago maletas y vuelvo a colocar todo en su sitio. Tal como estaba. Tal como siempre debió estar. Volveré...

Siento volveros locos. Aunque sé que no conseguiré volveros más locos de lo que debe parecer que estoy yo...

Serpiente

Marilia | 13, dic

Llevo unos días de serpiente, necesito cambiar la piel, empezar todo de nuevo y lavarme el alma. Tengo ganas de que todo sea nuevo aunque sea lo de antes. Pero nuevo significa mucho más que lo de antes, y con muchas más ganas a pesar de todo.

Y seguramente en el cambio de piel me lleve por delante este blog. Pero tranquilos, que no os abandono... Eso nunca... Ya veréis... Sólo necesito tiempo

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Marilia | 6, dic

Y no estoy hablando de económica, ni es una frase que hayan querido adjudicar a Zapatero, ni el álbum de Supertramp...

Hablo de la crisis del cambio de decena. La verdad es que casi no me he dado cuenta. Estoy tan acostumbrada a que todo el mundo alrededor los cumpla antes, que cuando llega el número a mí no me suena a chino, así que mucho menos a crisis.

Sí que me suena a un poquito de más madurez, como a joven madura, pero sólo me suena, que mi mundo no ha cambiado de ayer para hoy, no ha podido hacerlo de un día para otro. Es sólo una palabra más. No somos cada año más viejos, sino cada día, cada hora, cada minuto... ¿dónde está el límite que define el cambio...? Así que eso de cambiar de número a la hora de escribir la edad me resulta sólo algo simbólico.

Además, qué crisis, leches, si me puedo sentir más que afortunada por lo que he podido ir recogiendo en estas tres décadas... Tengo todo lo que cualquier persona podría desear: amor (mucho, demasiado incluso, aunque eso no puede ser malo), salud, trabajo, amistad, familia, un buen techo... ¿Qué más puedo pedir, que no sea que me toque la lotería...? Sólo borraría esos puntitos de mala suerte que me toca tener a veces, pero qué vamos a hacerle, no puede ser todo perfecto. Y dentro de lo desgraciaíta que siempre digo que soy, que soy una pequeña desgraciaíta, lo he estado pensado fríamente, puedo considerarme una gran afortunada en este mundo. No tengo que irme tan lejos como a África para saberlo. Me basta ver las noticias. Qué digo, me basta pasear por la calle. O simplemente, simplemente, pensarlo.

Días como el de hoy me hacen feliz, de esa felicidad sencilla, a pesar de pasarlo íntegramente en el trabajo, qué le vamos a hacer... Decía que días como éste me hacen sonreír al recordar cuántos amigos tengo y que no se olvidan de mí. Incluso esos de quien no lo esperas, que no tendrían por qué hacerlo, y te sorprenden. Algo tan simple como una llamada, un mensaje, y sonríes con la certeza de que ni el tiempo ni la distancia amparan al olvido. Y de que gente que creías más lejana, la tienes al lado, ahí justito, a un golpe de móvil.

Para la próxima decena de años sólo pido seguir teniendo lo que la vida me ha regalado hasta hoy. Que no es poco!

P.S a modo de anécdota: Hoy, aparte del detallito que ha tenido mi compañero de trabajo (me ha gustado tanto el regalito, casi tanto como que ¡¡por fin!! haya vuelto de sus vacaciones, que no podía más con la otra petarda a tan altas dosis; de hecho que haya vuelto creo que ha sido el mejor regalo que haya podido tener hoy) como regalo casual coincidiendo con este día me ha llegado un poema escrito por un cliente, no muy cuerdo, todo hay que decirlo, en el que prácticamente se me declara. Eso sí, debo reconocer que es bonito. Algo así como que ojalá hubiera más gente como yo. Eso es una cosa preciosa. Un halago en toda regla. Porque yo también a veces pienso que ojalá hubiera más gente como algunos que conozco, y el mundo sería mucho mejor, estoy convencida. A lo mejor no está tan loco, ni tan tonto, y un poco sabe lo que dice, aunque se haya equivocado al contármelo a mí.

No sé qué será, qué tendré, que los que no están muy allá de la azotea, y lo digo en serio, sienten debilidad por mí; no es el primer "loco" , con su diagnóstico de loco y todo, que me tira los tejos. Deben tener especial sensibilidad al reconocer mi punto de locura, debe ser eso, aunque sean locuras diferentes, muy diferentes, o quizás no tanto... Así que ten cuidado, que si no crees que estés muy bien de la cabeza, aléjate de mí, no sea que vayas a caer en mis redes...