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Terra
La Coctelera

Categoría: Pretendida poesía

Nunca te conté...

Que los besos a traición

son los menos traicioneros.

Que soporto noches sin luna,

pero no vacías de sueños.

Que a mí me vale igual

un "te quiero" que un "te deseo".

Que con dos copas soy feliz

y con tres, derechita al infierno.

Que sin caricias no sé vivir

y las compro a base de fuego.

Que como gata vayan tras de mí

y como perro a sus pies les jadeo.

Que enseño un trocito de piel

si a cambio me dedican cuatro versos.

Que perdí el alma en una esquina

y en alguna otra dicen que la vieron

vendiéndose por treinta más propina

o regateándosela por un "te quiero"

Otoño en la piel

Hoy tengo el alma de lluvia.

Lo pensaba mientras veía las nubes deshacerse en gotas sobre las lunas de mi coche.

Apago la música,

quiero sentir poco más que el silencio.

Hoy tengo alma de lluvia

y frío en el cuerpo.

Aunque creo que ésta no es la lluvia de la que se me llenó hoy el alma...

Condena

(antiguo poema de juventud)

Nací para amar sin ser amada,
para en la soledad condenada
enlazar versos y rimas.

Si alguno me amó, pobre equivocado
¡Del amor al amor te has enamorado!
Si sólo soy poesía;
si sólo soy corazón abandonado

¿Por qué querrías
desbaratar mi sufrir,
si es todo cuanto necesito
para dejarme llevar, escribir?
Si yo sólo soy poesía...

Mata mi llanto, mi desconsuelo,
mis versos, poemas, mis rimas,
y ya nada quedará de mí.

Si apenas soy poco más que poesía...
(si mi vida es la poesía del sinvivir...)

El arte de perder

El arte de perder

El arte de perder no cuesta tanto
irlo aprendiendo (insisten las cosas
hasta tal punto en perderse, que el llanto

por ellas dura poco). Y el espanto
por perder algo cada día, rosas
que se deshojan, horas, llaves, cuanto

pueda ocurrírsele a uno, no es tanto.
Practica entonces perder más, y goza
el ritmo de la pérdida, su encanto:

pierde ciudades, nombres, y en Lepanto
pierde una mano, un destino, una moza:
nada de esto será para tanto.

Perdí el reloj de mi madre, y el manto
con que cubría mis hombros, la loza
en que tomaba el té, pero igual canto.

Perdí mi tierra, mi rumbo y aguanto
de lo más bien tanta pérdida. Es cosa
de acostumbrarse: no, no es para tanto.

Perderte a ti, por ejemplo, tu encanto
y tu cariño perder, dolorosa
prueba sería, pero nunca tanto
(aunque parezca condena espantosa).


La oí en una película que vi hace tiempo, "En sus zapatos", una de esas comedias dramáticas tontonas para pasar el rato. Pero me acordé de mi hermana y casi acabo emocionándome.

Fuimos siempre, y seguimos siendo, muy distintas. Yo, la rebelde; ella, la responsable. (aunque ni de lejos hasta los extremos que refleja la película). A mí me gustaba salir, arreglarme, la fiesta, y ella siempre ha sido más bien de quedarse en casa viendo una peli. Ella era estudiosa, de trabajar duro, mientras yo me preparaba los exámenes pocos días antes, cuando no el día anterior (por suerte ambas aprobábamos con soltura). Yo tenía la imagen para el resto de descarada, una loca, una bala perdida, y ella era la modosita, más introvertida, más centrada. No me sé enfadar; ella tiene un genio enorme (y los ovarios mu bien puestos!) Yo iba desordenando y ella riñéndome detrás. Mi habitación era la jungla; la suya ordenada como una biblioteca.

He adorado siempre a mi hermana. Desde que me enteré de que iba a tener una hermanita, desde antes de que llegase al mundo. Ya había rellenado la solicitud de pedir una hermana mucho tiempo antes. La noticia llegó para mí con una inmensa alegría. Aun recuerdo la primera vez, en la entrada del hospital, cuando la tuve en brazos. Recuerdo perfectamente ese instante a pesar de mis tres años y medio.

A ella le costaba entender que la quisiera tanto, desde bebé. Me tiraba de los pelos, me daba bocados y me arañaba, y yo sólo sabía defenderme con besos. Se ve que siempre he sido igual de pegajosa. Ella nunca lo entendió. Cada vez que me acercaba a darle un beso salía corriendo. Reconozco también que yo era quizás demasiado besucona, y ella, a su vez, demasiado arisca.

Con el tiempo hemos aprendido a querernos todo lo que no podíamos imaginarnos. La ausencia, la distancia, te hace ver lo que dejas de tener al lado. Eso, y el hecho de que ya no compartíamos casa, con lo que no se enfadaba tanto conmigo por mi habitual desorden. Cambian las circunstancias, la edad, y es más fácil entenderse.

Me llena la relación que tengo hoy día con mi hermana. No es tan cariñosa como yo, pero sé que cuando me hace falta, puedo contar con ella. Me lo ha demostrado más de una vez. Como yo lo hice anteriormente cuando lo necesitó. Eso es lo importante.

Volviendo a las letras con las que comenzaba este escrito... No pensaba hablar de mi hermana, pero ha surgido así...

El poema me emocionó, no sabría decir exactamente porqué, una conjunción del instante de la película, la letra, lo que transmiten ambos, lo que vivía en ese momento y los recuerdos. Me recordó las veces en las que tuve que emplear el arte de perder . Aunque nunca ha sido, y nunca será, tarea fácil ni exenta de dolor. Y a veces, aunque lo quiera negar el poema, puede que nunca deje de ser una condena

Pasión

Ancladas en el silencio de los susurros
una frente a otra, dos que son una, barrera
incandescente que nadie se atreviera
a atravesar tan siquiera levemente.
Miradas...


Brillos cristalinos frente a oscuros
arden a la par y se ocultan.
La sensualidad de la carne apabulla,
el fuego me muerde los labios.
Besos...

En el límite entre el cuerpo y el aire, la piel,
débil frontera si se funde ante el solo roce
de sus dedos, que incitan insistentes al goce
conjugado del cuerpo y el alma.
Caricias...

Abandonada a los sentidos y de la mente
en sus manos dulces e insolentes olvido el control.
Me lleva a deliciosos infiernos y su calor
derrite los pensamientos y se me escapa la vida
en suspiros y aliento.
Pasión...

Tema de la semana: Mi poema favorito

Me acerqué a la poesía de muy jovencilla. Fue todo casualidad, ella vino a mí, no la busqué, no había prestado atención a su existencia.

En séptimo de EGB, con 12 años que tendría yo, escogieron a un reducido grupo de alumnos para recitar una poesía en el Parque María Luisaconmemorando el día de Andalucía en un acto público. Yo, que siemprellevé conmigo la etiqueta de empollona por aquellos años y alguno más, obviamente terminé en ese grupo, aunque la idea no me emocionó demasiado. Quise que me tocaserecitar un poema a duo con el chico que me gustaba (si es que se podía llamar así a aquello que sentía), y por unos instantes tuve esa suerte, pero al final quisieron poner a prueba mi memoria y darme uno más largo. En fin, que no estuvo mal, porque acabé recitando un precioso poema de Alberti sobre la libertad, y me lo aprendí tan bien que aun lo recuerdo.

Por aquel entonces, una amiga de mi madre se enteró del evento, creyó que me encantaba la poesía, y me regaló un libro: Las rimas de Bécquer. Y fue ahí donde empecé a adorarla verdaderamente, a sentirla más cerquita. Fue ahí donde comenzó mi devoción por este autor, y desde entonces lo mantengo en el mismo pedestal. Se podría decir que es mi poeta preferido, aunque reconozco el valor de muchos más.

Gracias a él comencé también a jugar con las palabras, con versos inocentes y sin valor, pero eran mis versos. Seguí jugando, descubriendo, y quizás alguna cosilla de algún interés puede que surgiera.

Con 17 años decidí compartir esos poemas más allá de mis amigos, de entre los que más de uno ya se había aficionado a leerlos, y los presenté a un concurso. No gané, pero quedé finalista, y los tres poemas que había presentado quedaron publicados en un libro. No gané un premio, pero el reconocimiento de gente ajena a míya era un premio de por sí.

Quizás sea por eso por lo que a éste le tenga un cariño especial, aunque son como mis niños, sería difícil decantarse por uno. Pero gracias a éste, y a aquellos otros dos que lo acompañaron al concurso,me dí cuenta que no eran sólo mis amigos los que apreciaban mi forma de escribir. Y eso me hizo sentir tremendamente orgullosa.

Aciaga sombra de la vida,
que sin querer ser un día más que nada,
sigilosa te confundiste en unas pupilas
que de la vida eran desengañadas.


Mas, por casi todo, torna nada,
porque a corazón presuroso tuviese en vilo
y todo el alma a casi poco tornada,
y todo el amor tornado a finito,
lluevan las lágrimas, todas ellas derramadas
donde la humedad ya fue hecha tangible,
donde ya el alma había sido abandonada
y nada más que oscuridad era visible,
pareciendo todo un mundo ininteligible.

Mas sabiendo aun que el alma también llora
a ésta no quedaron más lágrimas un día
porque murió... Y muerta está ahora...

Ese era uno de aquellos poemas.

Salí un poco decepcionada con el concurso, puesto que se quedaron con los derechos exclusivos de publicación y no tuvieron siquiera el mínimo detalle de ofrecerme un libro gratuítamente por haber participado y quedado finalista. Tuve que comprar mi propio ejemplar. Desde entonces decidí que mis pretendidos versos serían sólo para quien de verdad quisiera escucharlos, y eso sí que era un premio.

Desde que descubrí el mundo de los blogs, he vuelto a recuperar versos empolvados, perdidos en algún rincón, y compartirlos, de algún modo, con otros amigos que no son los que siempre me escucharon. Espero que os guste.

Deseo en soledad

Un pensamiento.
Tú.
Y recorro mi cuerpo.
Mis manos en mis senos.
Poesía.
Acariciar mi vientre.
Y tú en el pensamiento.
En la soledad te deseo;
en la soledad rítmicamente mi cuerpo.
Allá van mis dedos,
donde empieza la vida.
En mi humedad te siento.
Poesía.
Tú en el pensamiento.
Sustituyo mis gemidos por silencio.
Me faltas en mi boca,
en mis labios imagino tus besos.
Me faltas en mi boca,
pero no importa,
te siento,
dentro, muy dentro.
Mi sudor no se mezcla con tu saliva.
Eso lo echo de menos.
Mi humedad y tu saliva,
allí donde empieza la vida
no están mezclados.
Pero en mis movimientos
acompasados
pierdo el aliento
imaginando
que estás dentro de mí,
que algún día te tendré en mí
.

Gracias a Fuera de mí he rescatado estas letras