Hoy no era el mejor día para pasearse por aquí, porque ando un poco peleada con la informática (bueno, con este ordenador) y con el mundo (mejor dicho, con mi mundo). Lo primero no sé si se solucionará sólo, o así lo espero, como ha sucedido en otras ocasiones; lo segundo, más pronto que tarde, porque yo soy así.

A veces la nostalgia se llama blog. Y también las telarañas, el polvo, el pasado, el presente, los amigos, tu vida...

Soy una experta en tirar el tiempo por el wáter. Y tirar luego de la cadena por si me quedó alguna duda.

El ser humano es así. Más tienes, más desperdicias. De todo. Pierde su valor, deja de parecerte valioso. Como el niño que tiene cien juguetes y le regalan uno más. Ya no le hace ilusión ni ése, ni los anteriores. Ni siquiera juega. Se dedica sólo a pedir uno más. Todo pierde su sentido.

Pues así funcionamos: el tiempo, el dinero, el amor, los sueños cumplidos... Sólo los que han tenido poquito lo saben apreciar.

Tengo suerte porque he tenido poco de todo y ahora, que tengo bastante de mucho, puedo apreciarlo. Sólo que a veces se me olvida.

En este mismo instante, con tantas obligaciones entre manos, con tantas aficiones de las que disfrutar, me puede la pereza, maldita pereza que me arrastra, y sólo soy capaz de dejar escapar el tiempo. Y quitar alguna telaraña de por aquí... Al menos es algo...