Violencia en el ámbito sanitario
13 mar 09Hoy hemos hecho una parada de 5 minutos en señal de protesta y repulsa contra el asesinato de una compañera, que, aunque no trabajara conmigo en el mismo centro, es compañera. Tuvo la mala suerte de "cometer el delito", como yo estoy haciendo ahora mismo, de estar de guardia. Porque, para más agravio, ni ella misma era el motivo del enfado de aquel energúmeno desalmado que decidió descargar su cabreo a golpe de disparo.
Esta es sólo la gota que colma el vaso de un gran problema, la violencia, tanto física como verbal, a la que se encuentran sometidos a menudo los sanitarios por parte de un sector de los usuarios que deciden volcar sus frustraciones en el profesional que les atiende. Hay sectores que son especialmente vulnerables ante tales agresiones, y nosotros somos uno de ellos. Hago extensible esta queja a todos esos trabajadores que sé que están en circunstancias similares, aunque sus puestos de trabajo no tengan relación alguna con el mío.
Hay algunos usuarios del sistema sanitario que se quejan del mal trato recibido, que sí, que los habrá como en todos lados gente con malos modales y/o pocas ganas de trabajar, pero nunca, nunca, podrá ser justificada una agresión. Y esos mismos que se quejan del mal trato quisiera que viesen lo que tenemos que aguantar nosotros, que como "el cliente siempre lleva la razón" no contamos con atención al paciente, no tenemos hojas de reclamaciones para quejarnos de la mala educación de algunos usuarios, no estamos los sufientemente protegidos ante el abuso de poder que se le da al cliente mientras que nosotros tenemos que tragar carros y carretas. Porque estamos indefensos; ante las agresiones y casi casi legalmente al sufrirlas. No se denuncia ni la mínima parte de lo que denuncia el usuario. Y no debería ser así, ni yo ni nadie tenemos por qué aguantar cosas que no son justas.
Para mí la buena educación es algo fundamental a la hora del trato laboral. Nunca he levantado una voz, nunca he perdido el respeto, mucho menos insultado así que imagina levantar una mano, siempre he tratado de agradar, y siempre intento reservar una sonrisa intentando mejorar, si está en mi mano, un poco más el día a alguien. Los que me conocen saben que simplemente soy así, y me nace actuar así. Y a pesar de ello, aunque afortunadamente son contadas las ocasiones, más aun comparándome con otros compañeros, no siempre he recibido a cambio el mismo trato. Me he llegado a sentir vejada, me han insultado, he acabado incluso llorando tras una discusión en el que sólo recibia gritos e insultos sólo por no acontentar a quien lo solicitaba tal como lo solicitaba, todo ésto siempre sin perder la compostura por mi parte, intentando mediar con buenas palabras y adecuado tono de voz. Pero el que de educación no entiende, no entiende tampoco de ser tratado educadamente.
Me han llegado a amenazar con una mano en alto, y por suerte no recibí agresión física. Quién me lo iba a decir a mí, que nunca se me ha pasado siquiera por la mente tratar ni mínimamente como todo lo que acabo de relatar que me han hecho a mí alguna vez.
Y aun así tuve suerte. Porque hay quien ya no está para poder quejarse de ello.
Mª Eugenia Moreno tenía la ilusión, como todo el que opta por trabajar en ésto, de ayudar a los demás. Alguien que no lo entendió así decidió arrebatársela junto a su vida. Pero quiero recordar que todos, a diario, y en diferente medida, somos la Doctora Moreno. Y esto no se puede consentir.
Y que perfectamente también podría haber sido yo...
Mª Eugenia, estoy contigo, aunque tú ya no estés con nosotros. Todos somos Mª Eugenia.
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