Que todos queremos más es indudable y hasta normal (aunque ya voy a repensar el concepto de normalidad después del penúltimo post...). El ser humano es así de inconformista. Ya no hablamos sólo de cantidad, sino de tamaño: un coche más grande, una casa más grande, los hombres más grandes su y las mujeres más grandes sus (que curiosamente no tiene por qué ser recíproco. Bueno, en el caso de los hombres sí quieren más grande todo, lo de ellos -de sí mismos-, y lo de ellas)

Lo que me parece increíble es que se banalice este tema hasta el punto del porque sí.

Lo digo por ese sorteo que hace una conocida discoteca valenciana de un implante de pechos. Ya no se conforman con sortear viajes o coches, ahora te pueden tocar un buen par de tetas. Bueno, en mi caso si me tocan será simplemente un par, que es lo que hay
Y si me tocan, prefiero que sean unas buenas manos; que para que me toque el implante, mejor me den el dinero, lo encuentro más útil.

¿Cómo se puede frivolizar con el hecho de entrar en un quirófano porque sí? ¿Cómo correr riesgos, por mínimos que sean, de una operación que realmente no es necesaria? ¿Por qué se toman tan a la ligera el tema de la cirugía estética?
Y no es que yo esté en contra de su uso, no, pero sólo para solucionar complejos que son evidentes también a la vista.

No, hay algunas cosas de mí con las que no estoy contenta, cosas que si tuviera varita mágica seguramente las cambiaría. Pero no tengo esa varita mágica, así que las acepto, tal como son, saco partido de las que más o menos creo que puedo aprovechar y no me voy a solucionar mi autoestima en un quirófano. No voy a correr riesgos inútiles para ganar confianza en mí misma.

Pero es que la noticia para mí no acaba con hacerse eco del sorteo y las repercusiones que ésto está trayendo. Lo que más me ha sorprendido, además, es una encuesta que han realizado a los viandantes, preguntando su opinión sobre el tema. La gran mayoría estaba de acuerdo con el sorteo, les parecía bien y normal. Estupendo. Antiguamente te podía tocar un apartamento en Torrevieja y hoy unos implantes. Los hay que sortean coches y otros tetas. Flipo. Alucino. (Bueno, ya decía yo antes que tras el penúltimo post debo revisar el concepto de normalidad, que voy a terminar pensando que la poco normal soy yo...) Señora, le ha tocado una noche en el hospital; yo hubiese preferido una semana en la India, pero bueno...
Me sorprende cómo se puede frivolizar un tema tan serio, que hablamos de un quirófano... Propongo que se sortee un implante de cerebro, que eso sí que sería bien útil y creo que hay más personas que pueden salir beneficiadas de ello...

Insisto, que estoy a favor de la cirugía estética, que sé que a veces es el único , o el mejor, modo de solucionar el trauma creado por unas orejas de soplillo, una nariz demasiado grande o unos pechos algo más pequeños.
Y pensar que en estos tiempos que corren las adolescentes piden un implante como regalo de fin de curso, dónde vamos a llegar...

Hay que tomar el asunto con seriedad, no deja de ser una operación, y evaluar la necesidad, los beneficios en contraposición a los riesgos, dentro de una relación médico-paciente, en la que el primero, junto a un psicólogo, determine la viabilidad de la intervención, si es oportuna o no.

Por no tomar el asunto en serio, tal como se debiera, ahí tenemos esperpentos de la talla de Yola Berrocal, nunca mejor dicho lo de talla, que quizás lo que quiso añadirse eran 2 kilos de autoestima y sex-appeal, y lo que ha conseguido es 2 kilos de lástima y horror al verla, además de esos problemas de espalda que va a arrastrar después de no tanto tiempo.

Por cierto, frivolizando con el tema, y habiendo leído en la noticia que este tipo de operaciones se usan también como regalo a las queridas novias, me ha venido a la mente un chico que conocí, que le regaló a su mujer un par de ellas nuevas y lustrosas, y se quedó pagando las letras mientras ella se fue a disfrutarlas con otro. No lo siento demasiado por este chico, que muy buen concepto de él no tengo. Vamos, que entiendo que ella se fuese a disfrutarlas con otro. Pero tiene guasa la cosa...

Y hablando de disfrutarlas me surge una pregunta... ¿alguien ha tenido unos pechos intervenidos entre las manos? ¿es igual el tacto, la consistencia? ¿dan el pego? a mí es que a menudo me parecen muy artificiales ya a simple vista, iquisiera imaginar al tacto. Siento curiosidad por saber la opinión de los lectores... ¿algo que contar...?