Me marché con prisas, con cabos por atar que tuve que solucionar a golpe de teléfono y de fax.
Papeleos y burocracia. Trastornos de hoy para una mejora de mañana.
Nos hemos llevado a la peque de compras por su cumpleaños.
He comido todos esos días, cada vez en un sitio diferente, patatas fritas.
He ido a la revisión, y tras un año habían cambiado de domicilio. ¿Para qué avisar...? He debido rescatar el inglés para preguntar por la dirección actual y también "a piece of paper" donde apuntarla (la cara de la guiri...). Un taxi, llegar tarde y aun así esperar. Y encima soltar una pasta.
He visto en la sala de espera de la consulta una antigua profesora de la facultad a la que estaba confundiendo con una del instituto. No me salté tantas clases como para no recordarlo...


He paseado al fin en manga corta, aunque fuese sólo de día.
He comido helado de palmera de huevo, un sabor nuevo de mi heladería de siempre. El año pasado la novedad fue el de torta de aceite de Inés Rosales, con naranja y chocolate. Lo poco que sé de bailar sevillanas se lo debo a esa heladería ("si vas a las clases, te compro un helado de melón...")
He trasnochado de nuevo, y en buena compañía (no pensemos mal...)
He montado de nuevo el taller de costura en casa de mi abuela para arreglar los bajos a los pantalones. Si hubiese sido más alta cuántas horas de costura habría invertido en cosas más interesantes...
He visto a la familia, y a los amigos de siempre, y a los de ahora, y a los nuevos amigos. Esta vez ninguno me dijo que no, todos pudieron, y cómo me alegra...
Han habido encuentros, reencuentros y requetencuentros, a cual más grato y pleno.

He cogido un recién nacido en brazos, y un bebé de pocos meses, y jugado con un niño que no llega a los dos años (creo que intentan forzar mi instinto maternal)
He vuelto a la biblioteca de la que fue mi facultad, un poco por curiosidad, un poco por ver cambios y volver a sentir cómo eran aquellos tiempos, aquel lugar. Aunque también para estudiar. Hasta entonces no recordé que fuese tan grande, tan calurosa, ni que hubiese tanto ruido (qué capacidad de concentración debía tener aquellos años, y yo sin darme cuenta)


Se me ha adelantado el herpes anual, ese que me sale cada año, o cada dos años, en diciembre, allá por la fecha de mi cumpleaños, y que esta vez se me ha adelantado al mes de mayo. Este año ha decidido que fuese Tauro . Y no puedo dejar de tocármelo.
Se me adelanta el herpes y se me atrasa la primavera, y el verano si te apuras, y se me desesperan los tirantes, las minifaldas, los escotes, vestiditos y bikinis. Y se me aburren los abrigos y jerseys por las horas extras.
He ido a la comunión de El Bicho, o sea, mi hermana la pequeña, la única de las tres que decidió hacerla. Parece que a mi madre le gusta la variedad, y tiene una de cada: una bautizada que no hizo la comunión (qué le vamos a hacer, no pude elegir lo primero), una que ni siquiera está bautizada, y ahora la peque decide romper totalmente con la tónica. Pero lo importante es que estaba ilusionada.
Me he traído una mesa para mi nuevo piso.
Hemos vuelto corriendo para trabajar con la hora justa.

He estirado el tiempo como el chicle y me he sentido satisfecha por ello.

He sido feliz.

Y ahora, a trabajar!