Cerradas las maletas, queda poco más que basura y polvo. Mañana habré de recogerlos y entregar las llaves. Creo que ahora sí, ahora es el momento de empezar esa nueva vida. Me dí cuenta cuando fui a planchar la ropa del trabajo y no encontré la plancha, porque se había ido en la furgoneta de la mudanza. Ya no me quedaba nada allí, ya me lo había llevado prácticamente todo. Apenas algo para comer y sobrevivir. Y el ordenador, que lo he dejado para el último viaje.

Internet está también de mudanza, pero tardarán algún tiempo. Esa burocracia de siempre. De todas formas estaba pensando en una despedida a corto-medio plazo, o más bien a cachitos, sin ser nunca totalmente despedida; no lo deseo, pero debo. Tengo que concentrar mis esfuerzos, mi tiempo, mis ganas, durante los próximos meses en una batalla que creo perdida, porque las circunstancias no eran propicias, pero que habrá que intentar antes de darse por vencido. Marzo suena a primavera, pero también a oposiciones. Y estos dos meses me suenan a que nos veremos menos, muy a mi pesar.

Así que, como ya dije una vez, que me voy, y vengo y vuelvo a irme un ratín... Y al final espero poder volver a quedarme.