Retazos de Valencia
26 dic 07La Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Adoro ese azul. Como un día de primavera, como un mar del Caribe. Es un azul que acariciaría si no estuviese hecho de cemento.

Curioso paso de cebra. Nunca había visto uno así. Pero me resulta tan complicado siendo peatón y siendo conductor.
Hay calles extrañas, asfaltos difíciles, señales que cuesta entender hasta que cometes la falta.

Me gustan las fuentes que cambian el tono de su luz. Las encuentro juguetonas. Y que tienen algo que arde dentro. Son guiños de colores. O busca gustarte en tu color preferido. Me quedo con éste. Y con el guiño rojo.

Imagen fría como la noche que la envolvía. Me recordó una postal de Navidad a la que le falta la gente. Y las luces de colores. Quizás también nieve. Pero con el mismo frío.

L@s hay que pasan demasiado tiempo mirando las musarañas.
L@s hay demasiado curios@s.
Quizá yo sea ambas cosas.
Si no, no hubiese descubierto este espejo en el pasillo de los baños, un techo que te devolvía una imagen hecha añicos.

Pero el día era cálido. Un día de otoño de tirantes. Y de tapitas después en una terraza. De inmenso e inagotable azul. Sólo en apariencia inagotable. Era la Albufera.

Cómo algo tan grande como la amistad se ve tan pequeñito entre tanta agua.

Y más agua aun. Un paseo en barca. Perderte en ella. Rodearte de ella. Saborearla con los ojos.

Azul que hipnotiza. Que envuelve tus ojos. Que te mece. Me tumbo en el muelle, cierro los ojos y lo siento, lo huelo, lo oigo.
Y estaría allí todo el día, sintiendo el sol en la cara y el agua bajo mi cuerpo, sintiendo que me rozan los dedos de la simple felicidad.

A lo lejos me observan. Pero su mirada no es amenazante. Es una compañía lejana, no quieren interrumpir esta caricia de la felicidad

La primera vez que lo vi pensé que era un perro. Gato gordo. Hubiese dicho que era más bien una pantera, un poco pequeñita solamente.
Quise fotografiarlo, pero no se estaba quieto. Tuve que engañarle "con algo de comer", o mi mano en ese gesto. Pero en cuanto vio que no tenía nada para él, se dio media vuelta y siguió buscando. Si la cámara hubiese sido comestible seguro que me hubiese quedado sin foto alguna.
Me gustan los gatos negros con los ojos verdes (como los hombres, pelo negro y ojos claros). Los encuentro misteriosos. A los gatos quería decir. Me gustan. Quizás yo sea un poco bruja...

Alguien vigila el puente.
No te atrevas a mirarle a los ojos o te convertirás tú también en piedra.
O ser violada por este engendro, al que por no mirar a los ojos pude observar otros atributos, para que tu criatura sea la heredera de la custodia de la pasarela.
No es que sea malvado. Es que no quiere estar solo. Es cruel la soledad.

La ciudad está llena de especies extrañas. Nacen de la piedra, de las paredes. Y miran silenciosos. Misteriosos. Amenazantes.
Se funden con la noche. Quizás se deslicen por los muros para observarte mientras duermes, cuando nadie mira. Cuando los sueñas.
(