tuve una visita inesperada...

Estaba a punto de planchar la camisa cuando me llevé esta sorpresa:

Menos mal que permaneció metidito dentro de la manga cuando lo descubrí y no me saltó encima, porque hubiese dado un grito... A veces soy demasiado escandalosa, sobre todo cuando de acontecimientos bruscos e inesperados se trata. Me simpatizan prácticamente todos los bichitos, pero encontrármelos de forma tan inesperada me hace reaccionar de igual inesperada manera.

Por fortuna, se portó bien. Salimos al balcón, deposité la camisa en el suelo para que no fuese tan tímido y saliese, y hasta tuvimos después una sesión fotográfica. Montones y montones de fotos desde todas las perspectivas. Qué bien posaba...!

Casi me acabé encariñando, parecía que no se quería marchar de mi balcón. Pasadas unas cuantas horas, se marchó. Sé que se hubiese despedido, pero yo andaba muy ocupada y no me dí cuenta. Sólo sé que ya no estaba más allí en mi terraza una de las veces que volví a salir a verle