No tengo mucho sueño, o más bien me apetece poco dormir. Es de madrugada y estoy valorando la idea de ir a la cama, cuando aparece en el messenger un viejo amigo. Y digo viejo amigo porque lo conozco desde hace mucho tiempo, aunque no he llegado a conocerle nunca en persona. Aparece y desaparece, está por épocas, yo no exijo nada. Pero pretende mantener siempre la misma confianza, y no me opongo. Se supone que es lo que pasa entre los buenos amigos...

A veces recelosa, a veces me hago la ingenua ante sus preguntas, intentando verlas desde otro punto de vista; él mismo intenta que no se note demasiado, que es que sólo quiere conocerme un poco más.

Creo que le ha gustado la foto que tenía puesta en el messenger. Le gusta la fotografía en general, y se le da bien. Siempre ha tenido alguna palabra de elogio hacia mis fotografías, seguro que le gusta el modo en que intento captar las imágenes, aunque quizás no sólo eso. Sospecho que algo más, siempre me dice que hay confianza, que somos amigos, y yo me siento un poco traidora por pensar lo que pienso ante sus palabras. Soy ingenua y quiero creerlo, pero no puedo, porque sé que no es tal como lo pinta. Quiero creer que soy ingenua, pero me cuesta.

Le pregunto por su chica, con la que llevaba algunos años, y me dice que lo han dejado. "Finita la passione, finito tutto". No estoy de acuerdo con esa frase, no del todo, pero lo que me hace recorrer un escalofrío es la indefensión que siento ante su respuesta. Saber que ahora estoy indefensa ante esa debilidad que alguna vez dejó entrever, y que contenía, o lo intentaba, porque ella dormía cerca mientras hablaba de madrugada conmigo. Sólo me siento un poco más segura porque sé que está lejos, muy lejos, y que cerrado el messenger vuelvo a mi vida normal y él se queda ahí.

Pero esta noche no tenía ganas de quedarse ahí. Nos reencontramos ahora que está solo y se siente libre. Y tiene ganas de celebrarlo conmigo.

No me pasa con los amigos; soy la primera que bromea, que le gusta subir el tono de las conversaciones cuando estoy a gusto, todo es broma, te ríes, te sonrojas, y esa es la gracia. Sabes que el otro también bromea. Pero anoche no me sentía cómoda, y eso me indicaba que quizás él no bromease tanto, y no me apetecía hablar de ciertas cosas, y yo desviaba el tema hacia otro sitio, y él volvía a encauzarlo para saciar su curiosidad.

No me importaba dejarme ver, lo bueno de las webcams es que ves reacciones, compartes las sonrisas sin tener que imaginarlas.
Pero me ve, él apenas se deja ver, su cámara apunta hacia la camiseta, y no puedo reconocer su cara, ese detalle no me gusta, no juega limpio. No me deja verle la cara a pesar de que se lo pido, y no, no me gusta ese jueguecito de "luego"...
Me pregunta hasta qué punto he llegado con una webcam, y me suena a reto o a chamusquina. Mi respuesta debería haberle hecho entender, pero creo que no le ha quedado muy claro, o no lo ha querido ver así.

Aunque estoy visible sabe que no llevo mucha ropa. Me pregunta por el resto, por lo que no ve, de qué color es, bragas o tangas, cuántas ganas de sexo tengo esta noche... "Mira, cielo, he intentado comprenderte, he tenido muuuucha paciencia, demasiada, y puede que te comprenda, pero ahora de otra manera. No pienso ser tu juguetito en esta noche de aburrimiento o de calentón, me da igual, te crees que me conoces y si es así cómo es que te equivocas tan enormemente conmigo como para pensar que te iba a seguir el juego... No juegues con el término amistad, no abuses de mi confianza y mi paciencia" Pero se lo digo con buenas palabras, mi excesiva educación a veces me traiciona ante los que merecen una respuesta clara y contundente.
Cierro la cámara, buff, ya terminó de descargarse lo que esperaba, cuánto ha tardado, "S, tengo sueño, es muy tarde, mañana tengo cosas que hacer..."

¿Por qué hay gente que no entiende que tener una webcam no tiene que significar sexo, sino poder compartir las caras de alegría o sorpresa con tus amigos...? No puedo considerarlo tan amigo como intenta hacerme creer, porque intenta crear una falsa confianza para aprovecharse de ella, para saber cosas que quizás sólo se las cuentes a los más íntimos o a un blog... Internet no es un monte de orégano, y yo soy de las que está convencida que puede ser simplemente un lugar donde vagan ciertas almas que un día se dan de bruces... Hace mucho que dejé los chats porque hay gente que se niega a comprenderlo...