Café y de vuelta
14 jul 07Recién levantada no me apetece desayunar. Llego al aeropuerto y me abre el apetito el olor del kiosko donde sirven collazioni. Hace siglos que no bebo un café, prefiero el té, pero en Italia merece la pena, y me pido un capuccino.

Curioso el dibujo con el que ponen la guinda a mi capuccio. Pensé que merecía una foto. Lástima que sirvan el café templado tirando a frío...
Quedan algunas horas hasta que pueda volver a comer algo, así que me decido acompañarlo con una brioche. Como siempre, quiero la de chocolate. Pero la dependienta me ofrece una de Nutella, que viene a ser como la Nocilla italiana, con el mismo sabor que el relleno de los Ferrero Rocher, y caigo en la tentación.
No sé cómo después de lo que comí el día anterior podía meterme por el cuerpo aun más comida. ¿Pero cómo me iba a volver de Italia sin tomarme un capuccino y una brioche de nutella...?
Me entretengo en la tienda de revistas y regalos. Debo aprovechar la ocasión para comprar un libro en italiano con el fin de seguir entrenando. Veo libros de AlessandroBariccò y me acuerdo de Ymiki. No me llevo "Seta" porque lo tengo en algún rincón de casa, pero Bariccò inspira confianza en lo que vayas a leer de su pluma, así que me llevo este otro libro.
Ymiki, sé que no vas a leer estas líneas, que estás descansando de la aventura de internet, pero esta foto va dedicada a tí. Te echamos de menos, que lo sepas.
Hay gente cansada, los viajes pasan factura. Pero al igual que vuelves con los pies doloridos, arrastrando el alma, con un sueño increíble, vuelves a la vez con una sonrisa en los labios y en el corazón. Y eso hace que valga la pena todo el esfuerzo.
Parece ser que no fui la única a la que el cansancio pasó factura...
Éste ya es el último paso para llegar a casa. Coincidí casualmente con mi padre en la misma ciudad. Pero un problema con los móviles hizo que apenas pudiéramos vernos unos minutos.
Yo me bajo en Atocha. Y allí también embarco para volver a mis sueños o a mi realidad. Siempre con sonrisas y nostalgias.
Esta vez tocó volver a la realidad de la vuelta al trabajo, el calor infernal de mi pequeña ciudad, el cansancio que medejó incrustada en el sofá. Pero con los buenos recuerdos y las risas compartidas en la maleta de vuelta.
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