Me parece increíble que haga este frío a estas alturas de junio, que haya tenido que rescatar de nuevo camisetas de mangas largas mientras mis vestidos de tirantes aun me miran con tristeza desde el armario esperando una oportunidad.

Me parece increíble haber aceptado trabajar la noche, teniendo que trabajar al día siguiente de tarde, teniendo que trabajar al día siguiente de mañana, y que entre esas pocas horas que tengo para dedicar al sueño haya encontrado hasta un hueco para ir al cine (Yo! en el cine! También es casi increíble...)

Me parece increíble que al bajar del coche en el aparcamiento frente a los cines encuentre un gorrilla (bueno, esto no es increíble; es desgraciadamente de lo más normal), me exija precio para su impuesto revolucionario, no respete que estoy "hablando por teléfono", en plan famoso escapando de los paparazzis, que menuda actriz estoy hecha, y me siga a lo largo del aparcamiento. Increíble es que yo, que "nunca tengo suelto", le haya dado una mísera cantidad, porque desde luego "no tengo más que ésto", temiendo esta vez, no sé por qué, que le pasara algo a mi coche en mi ausencia como venganza. Pero con lo que aluciné del todo es que al darle el dinero me agarrase con fuerza mi mano con su sucia mano, sin querer soltarla, y me dijese cosas que no quise oír. No tengo sólo que soportar la extorsión sino que me babee encima... Y recién salida del trabajo, con prisas, con sueño, y con otra jornada por delante como se me presentaba no estaba yo como para aguantar estas cosas... No, no. Qué asqueroso. Ese tacto y esa mirada, me da repelús...! Y es que hay miradas que pesan como el tacto sobre tí.

Pero lo realmente alucinante, y esto ya en serio, es que un tipo de ésos gane lo que yo, que lo oí en el telediario, sin tener que trabajar, con los "horarios" que les dé la gana, exentos de turnos y de noches, con un "trabajo" para el que no necesitan estudiar, ni siquera saber nada más que poner cara de pena o amenazante, y yo me rompo los cuernos, me quito horas de sueño porque así me lo exige la nocturnidad, de diversión en favor del estudio para estar actualizada, pasan por mis manos vidas indefensas que confían en mí, para obtener finalmente el mismo sueldo que ellos consiguen con el chantaje y el miedo.

E increíble es ya del todo que ahora se ha apuntado a esa moda chiquillería de diez, doce años a lo sumo, que me los encuentro en esos mismos aparcamientos los miércoles (para ésto sí que son listos estos mini-cabroncetes), donde dejo el coche para ir al gimnasio que está al lado de los cines. Me niego, me niego y me niego. Si quieren paga extra que se la pidan a sus padres, que a mí comprarme las chuches y ahorrar para una Play Station me cuesta horas de algo, que ellos no sé si llegarán a conocer, de algo que se llama trabajo...