Cerrando heridas
7 may 07Y yo, que tan acostumbrada estaba a coser heridas, encontré alguna para la que no había seda que pudiera cerrarla. Había debido ser el mordisco de un perro rabioso y estaba obligada a dejarla cerrar por segunda intención. Más lento, con una cicatriz más grande, pero segura de que no quedase nada dentro que pudiera hacer un daño mayor.
Y la cicatriz duele a pesar del tiempo; siempre duele, como los huesos con el cambio de tiempo.
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