Domingo. Por fin no llueve. Se ha levantado un día estupendo. ¿Nos vamos a Alcázar? Está la Feria de los Sabores...
Y como yo me apunto a todo lo que suene comer y beber, para allá que fuimos.

La gente estaba aun apagada por la lluvia de toda esta semana, y sólo se animó una amiga italiana, que está aquí gracias a una beca como colaboradora de la Escuela de Idiomas. Así que salimos los tres camino de Alcázar de San Juan.

En la plaza han preparado varios stands en los que hay productos de la zona: vinos, embutidos, miel, dulces, aceite... Con la entrada nos regalan varios tickets de degustación y una copa que llenar una y otra vez de deliciosos caldos.

Pero como yo soy tan perezosa, para no ir p'alante y p'atrás, compro una botella, arriesgándome sin haberla probado antes. Total, es vino manchego, no puede decepcionarme. Y no lo hizo. Entre Carla y yo nos la bebimos casi entera.
Me hice con otra botella para llevársela a mi padre, a él que le gusta el buen vino.

El queso estaba también "exquesito". No pudimos evitar también llevarnos una buena cuña, tanto la italiana como nosotros.

Tras la Feria de los Sabores, que por cierto casi no dio tiempo a saborearla bien por lo pronto que cerraban, decidimos hacer un poco de turismo manchego. Carla aun no había visto un solo molino, así que fuimos a Campo de Criptana (el pueblo de Sara Montiel)


Mi señor, no son gigantes, son molinos de viento...

Los típicos colores de la zona manchega, de blanco y añil dibujada.

No lo puedo evitar, veo un perro, un gato, y siento la necesidad de acariciarlos... Y ellos parece que no tenían ninguna queja... (sí, que pasa, estoy hablando con ellos...)

Empieza a esconderse el sol. Volvamos a casa. Me encantan las nubes, tengo debilidad por ellas, no puedo evitar fotografiarlas una y otra vez...

Vamos a probar de nuevo los planos cortos de mi nueva cámara... Me encanta. Sí, pesa un poquito más de lo que hubiese deseado, pero ha merecido la pena.

Y éste ha sido más o menosel resumen de mi día de ayer...