No seré original al decir que el día estaba gris. Y frío, pero no demasiado. De ese frío que gusta que acaricie la cara. Me dolían los ojos: cansancio, horas delante del ordenador, horarios que son todo lo contrario a horarios...

Miro a la izquierda, a través de la cristalera de mi balcón, y veo un cielo que parece emborronado, como si alguien hubiese escrito fuerte con lápiz sobre él y al pasar la goma hubiese dejado restos grises ya imborrables. Pero había cierta claridad, más de la que podía esperar.

Aun no me había tomado un té a lo largo del día. Bueno, sí, uno, pero casi que no cuenta. Me gusta la sensación de un té calentando las entrañas en un día de lluvia, mirando a través de la ventana. Voy a prepararme otro

Con mi taza en la mano salgo a sentarme en el poyete de la ventana que da al balcón. Está frío y duro. Cojo una silla. Está sólo dura, e incómoda. Pero ya estoy preparada para el gran momento. Pies colgando por el balcón, libro en mano, disfruto del frío suave de un día pseudolluvioso de primavera, de una primavera que no se decide a entrar, que da un caluroso paso hacia delante y otro húmedo hacia detrás.

Coloco el té en mi regazo. No sé si para que me caliente a mí o para calentarlo yo sobre mis piernas y bajo mi vientre. Lo bebo rápido porque se enfría. Y en ese instante, saboreando las palabras del libro como la última cucharadilla de un postre, siento la grandeza de las pequeñas cosas. La plenitud que deja el hacer algún hueco en el tiempo de tu vida. Y vivo sin hacer poco más que respirar y ser feliz.

Hoy no me voy a duchar. Hace tiempo que no me concedo un baño. Y diría que ha caído agua suficiente como para poder permitírmelo. Creo que al final todas las gotas de lluvia han ido a parar a mi bañera.

Un señor baño. Con aceites perfumados, música susurrante y un par de velas que rompan la oscuridad sin romper el momento, aroma a canela. Un regalo que me hago a mí misma. Estoy tan cansada que casi me duermo en el agua. Y digo yo, si me quedo dormida así, ¿tendré sueños húmedos...?

La piel de mis dedos hace mucho que tomó formas extrañas, con relieves artificiales propios de una legumbre, y entonces empiezo a pensar que será mejor salir del agua. Me seco y termino la sesión de "honor a mí misma porque yo lo valgo" con cremita hidratante para todo el cuerpo. A la luz de las velas parece una imagen sugerente de sombras y manos que se deslizan sobre la piel, de música que quiere acompañar el momento.

Ropa interior que suena a hoy estoy feliz conmigo misma y estreno ese pijama de raso negro que tantas ganas tenía de encontrar y no aparecía por ninguna tienda,de estilo oriental, con su cuello mao y pantalones que caen dulcemente sobre mi piel.

Hoy no he hecho nada. Algunos incluso dirían que he desaprovechado el día, que lo he tirado por el desagüe del tiempo perdido. Pero yo he disfrutado de esas pequeñas cosas que tan a menudo olvidamos, de instantes tan vacíos de acción y tan llenos de sentir... Y he sido razonablemente feliz.