Corazón de mudanza
7 abr 07Cuando empecé en este mundo no sabía exactamente lo que podías hacer con un blog. Pensaba que simplemente escribías para que tus amigos te leyeran. No podía imaginar que se pudiese conocer gente por aquí gracias a compartir lo que sientes y piensas. Abrí mi cuenta e inmediatamente distribuí mi dirección entre amigos y familiares. Y así es como empecé esta andadura, siguiendo el proceso inverso que el resto de gente, que buscan desahogarse desde el anonimato.
Desde el anonimato también he descubierto que aun me siguen muchas de estas personas (familiares y amigos de toda la vida), gente que al no dejar huella creía que habían leído mis primeros artículos y basta, y en ciertos posts debo reconocer que esta dedicación me incomodaba.
Me da pena dejar mi verdadero blog en un segundo plano. Ha sido casi un año con él, demasiado tiempo como para no cogerle cariño. Infinidad de momentos especiales gracias a él. Y por eso mismo no lo voy a abandonar, no del todo. Me debo a toda esa gente. Al final he acabado siendo un poco ese personaje que nació con él, que era yo misma, pero con los matices de los ojos que me miraban.
Pero necesitaba este cambio para sentirme un poco más libre. Demasiados ojos sobre mí, demasiados ojos de conocidos de la vida real. Demasiadas pocas ganas de dar explicaciones más allá de las líneas que escribo. Nunca me preguntaron. Pero sé que seguramente se preguntaron a sí mismos por mí.
La gente que te quiere no te concede fácilmente un día de baja moral, te obligan a verlo siempre todo de color de rosa, aunque sé que lo hacen porque quieren verte siempre feliz. Pero la vida es una montaña rusa: hay que comprender que hoy estás arriba, mañana caes en picado y vuelves a impulsarte hacia lo más alto. Estar abajo no es tan malo, no si sabes permitírtelo. Y quiero tener ese derecho.
Hay simplemente cosas que, dadas las múltiples circunstancias que conforman una vida, aprendí a no compartir, y que no hacía ningún daño por no compartirlas. Me hacía más daño aun remover recuerdos, pensamientos y sentimientos, teniendo que desmenuzarlos para que esa gente que me quiere pudieran entenderlo, si es que lograran hacerlo alguna vez.
He decidido que no quiero dar más explicación que estas líneas que de vez en cuando aquí me surgen. Y lo más importante: he decidido que no tengo la obligación, ni siquiera moral, de darlas. Punto.
Como en cada mudanza estoy un poco triste por lo que dejo atrás. Pero como en cada cambio, comienzo de nuevo con mucha ilusión.
Y al fin me sentiré tan libre como necesitaba.
Siento que llevo mi corazón de mudanza...
(