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Terra
La Coctelera

Categoría: Recuerdos

Si vuelves

La última vez que escribí hablaba de amores suspendidos en el aire...

Hace unos meses di a través de internet, no debería decir por casualidad aunque ésta influyese, porque yo misma lo provoqué, con un antiguo amor. El que diría que fue mi primer amor. La primera persona que en aquella tierna edad de 17 años me llegó a quitar el sueño, a la que dediqué tantas letras de ingenuos versos, esa persona con la que podría haber tenido una gran historia de amor si no hubiésemos sido tan jóvenes, y no hubiésemos vivido tan lejos, y además no hubiese mediado mi madre entre ambos...

 

Creo que cuando le vi fue eso que llaman amor a primera vista. Debo creer en ello porque lo he sentido, aunque para mí resulta a la vez una contradicción, porque las cosas que me conquistan realmente no son las que se cuelan a través de los ojos. Pero en este caso, además de aquellos ojazos azules y esos sensuales labios, resultó que nos reíamos mucho juntos, que teníamos gran complicidad, que nos entendíamos bien... Tanto... que creo que llegó a asustarse, y que por ese motivo, por ese miedo, un día desapareció, así, sin más. Obviamente, quien desaparece no quieren que le busquen, por lo que no quise importunar con preguntas que quedaron sin respuesta, y yo me quedé con mis ganas.

 

Un día, un año después de nuestro primer encuentro, se presentó por sorpresa en mi casa. Y así, sin más, tal como había desaparecido, sin una llamada previa, ni haber dado señales de vida en todo ese tiempo, llamó un día cualquiera a mi puerta. Era casi media noche, casualmente mi madre había salido de viaje y gracias a eso pude salir a dar una vuelta, puesto que mis horarios eran muy restringidos por aquel entonces y aquella era más bien para mí una hora de llegada que de salida.

 

No sé si pregunté o no quise hacerlo y preferí eludir la pregunta de qué había pasado en ese tiempo y porqué se fue asi. Era raro, como si no hubiese pasado nada. Nos caminamos toda la ciudad, tomamos algo aquí y allá, charlamos mucho, nos dimos cuenta que a pesar de todo ese tiempo y esa marcha súbita seguía viva la misma complicidad... Pero yo recelaba de quien se había marchado sin despedirse, y a la vez me moría de ganas de volver a besar aquellos labios, y a la vez no le quería dar el gusto de salirse con la suya cuando no lo había merecido. La noche se hizo larga, él me buscaba, yo me escabullía, una y otra vez... y al final sucumbí. La atracción era mucho más fuerte que todo eso, y yo de dignidad, de orgullo, por desgracia he entendido siempre poco.

 

Desde aquel día todo volvió a ir estupendamente, la verdad es que fueron días felices, y conseguíamos vernos más de lo que hubiese imaginado para la distancia que nos separaba, y la poca independencia de la que podíamos disfrutar por aquel entonces.

 

Pero nada dura para siempre... Una llamada a mi casa desencadenó todo. Ojalá hubiesen existido los móviles en aquella época. Bueno, existían, pero era un objeto casi de lujo.

Mi madre respondió al teléfono, e intentando protegerme empezó a aplicarle el tercer grado para saber de qué palo iba; el chaval en cuestión se acojonó (en descargo digo que yo también lo hubiese hecho en similares circunstancias), y salió huyendo. Fue la última llamada que tuve. A mí no me dijo nada. Sólo volvió a dejar que el silencio fuese quien hiciese de despedida, y eso sí que no se lo perdoné.

 

Ahí fue cuando me empecé a dar cuenta de que odiaba esa actitud de no tener el valor suficiente para hablar las cosas, para decir "adios". Ser asertivos. A veces las palabras no son la solución, o no sólo ellas, pero sin hablar tampoco hay camino que se pueda seguir, porque lo que no se habla queda como una herida latente. Las verdades duelen, pero es necesario que sean oídas para pasar página. Al menos pude aprender eso de esta historiam, y de alguna otra que siguió después en las que no tuvieron valor para decir las cosas a la cara, ni siquiera un adios.

 

Aquella historia dolió. Por demasiado tiempo, más de lo que yo hubiese imaginado. Ha sido una persona que de un modo u otro, aunque fuera en forma de recuerdo, ha estado presente en mi vida. Y nunca dejé de preguntarme qué sería de él, dónde andaría, y todas esas cosas que piensas sobre aquellas personas que de algún modo u otro fueron importantes en tu vida y ya no están.

 

Eso fue hace unos 12-13 años. Y 12-13 años después, enredando en internet, di con él. No estaba segura de que fuese esa persona, sólo había un nombre y el primer apellido. Pero probé suerte al entablar contacto y era él. Se alegró de reecontrarme. Y recuperamos el contacto a través de las letras. Como cualquier otro reencuentro después de tantos años, ha sido algo curioso y bonito, aunque estuviera desprovisto de los sentimientos de entonces.

 

Casualmente tenía que viajar a su ciudad al poco tiempo, y pensamos que sería una buena idea volver a vernos, saber cómo habíamos cambiado nosotros, nuestras vidas, desde entonces, matar la curiosidad, y contestar tantas preguntas que entonces quedaron en el aire. Reconozco que tenía muchas ganas.

 

Supongo que hay cosas que no cambian, que cuando las cosas funcionan es porque hay algo en el fondo que hace que funcionen; al igual que lo que desde un principio va mal , difícil será encontrarle solución.

Hay cosas que no cambian... pero sí las circunstancias, y las mías no daban pie a una tercera oportunidad, ni yo en estas circunstancias se la hubiese dado.

 

Debo confesar mi puntito de maldad. Cuando le encontré deseé que al volver a vernos se despertaran por su parte aquellos antiguos sentimientos, aunque yo en mi vida actual no iba a permitir que surgieran en mí, y que ojalá se diese cuenta de que había perdido la oportunidad de estar con alguien que hubiese intentado hacerle feliz, y quizás hasta lo hubiese conseguido. Pero no soy tan cruel, y después de fantasear con la idea, no me atreví a llevar ningún plan a la práctica que no fuese ser yo misma, dejar fluir lo que nos saliese de dentro, saber de él y de su vida hasta entonces, y saber además las respuestas de las preguntas que me hice tras su marcha; quizás también un poco echarle en cara que se fuese sin despedir, que lo entendiese, que me entendiese. No es rencor, sólo resolver dudas para cerrar por siempre heridas. Sólo quería hacerle saber que me hizo daño, y que me marcó. Aunque creo que él ya lo intuía y no le era indiferente.

 

Y aunque no llegué a poner a cabo ningún plan, trece años después he podido escuchar de su boca palabras que no sabe cuánto hubiese deseado haber oído entonces. Aun sin hacer nada para buscarlo, resurgieron sentimientos, incluso más intensos, por la atracción que le causaba una persona a la que el tiempo ha hecho madurar, al menos algo, porque también se ha dado cuenta de que sigo llena de sueños y sin posar los pies en el suelo más de lo necesario... Y se ha dado cuenta de que yo podría haberle hecho feliz. Aunque, ahora, no sé si la persona que es él hoy día, podría haberme hecho feliz a mí...

 

Pero siempre nos quedará una bonita amistad, y creo en ella, creo que es posible y que estamos en el camino.

 

Todo este tostón de historia que he soltado viene a cuento de algo que siempre he pensado. Siempre creí que cuando deseas algo con todas tus fuerzas se cumplen tus deseos. Creer en algo, tener fe en que llegará, hace que lo estés rozando con la punta de los dedos. Y quizás estos deseos siempre se cumplen, pero quizás, a menudo, no sepan elegir la fecha correcta en que deben hacerlo.

 

Cuidado con lo que deseas, porque se podría hacer realidad...

Si te vas

"...y yo como siempre quizás
llegué tarde. Seguiré cerrando bares
y recuerdos. No aprenderé nunca a retirarme
a tiempo. Dormiré en la calle,
besaré otros fuegos..."

Ismael Serrano

 

He recordado una historia de amores suspendidos en el aire y en el tiempo que quizás cuente en otro momento...

Condena

(antiguo poema de juventud)

Nací para amar sin ser amada,
para en la soledad condenada
enlazar versos y rimas.

Si alguno me amó, pobre equivocado
¡Del amor al amor te has enamorado!
Si sólo soy poesía;
si sólo soy corazón abandonado

¿Por qué querrías
desbaratar mi sufrir,
si es todo cuanto necesito
para dejarme llevar, escribir?
Si yo sólo soy poesía...

Mata mi llanto, mi desconsuelo,
mis versos, poemas, mis rimas,
y ya nada quedará de mí.

Si apenas soy poco más que poesía...
(si mi vida es la poesía del sinvivir...)

Wendy

Gandhi de pequeño debió ser un pringaillo. Lo peor es que lo leía y me estaba viendo a mí misma. Que si no se dicen mentiras, que si no se copia en el cole... Qué almas perdidas, unos pringaillos para el resto de los compis de la clase. Como hoy día el crío que no tiene móvil, que debiera ser lo más normal, pero que es el bicho raro si no.

Aunque yo debía ser más pringaílla aun porque, a diferencia de él, que se consideraba un estudiante mediocre, yo era la empollona, que encima lo sacaba todo sin que me costase ningún trabajo, ningún agobio (aunque eso muchos no lo sabían, claro). Y por ese tipo de cosas de pequeño te señalan con el dedo. O por gordito. O porque te creciesen las tetas antes de tiempo. A mí encima para más inri me señalaban por las tres. Por la de enmedio la que menos, eso era más bien cosa de mi madre, que estaba obsesionada en vestirme de premamá.

Como no te dejases copiar, entonces sí que la cagaste. Y ya te digo, que yo como Gandhi era muy legal, y el que quisiera aprobar que se lo currase, que para eso me había costado a mí el esfuerzo, que yo no iba a estudiar para que el que se rascase la barriga sacase la misma nota que yo. Aunque ya digo que exagero, que como reconocí antes tenía, ya tengo algo menos, gran facilidad para absorber el temario nada más leerlo, y en la crueldad infantil yo no sabía leer la envidia de los demás. Lo único que sabía leer eran los libros, y muchos. Pero a la envidia de pequeño no sabes ponerle nombre.

Es como a esa tipa perfecta que criticas porque es perfecta. Que si tiene los pies feos, que si una boca demasiado grande, que si está más bien planilla, o demasiado delgada... ( a Pilar Rubio aun no he sabido qué encontrarle, esto es más deprimente aun...) Pero en el fondo lo que estás intentando es que los demás la vean un poco más normal, menos diosa, más terrenal, menos perfecta, más como a tí, sólo porque la envidias.

Pues eso es lo que les pasa a los niños. El empollón está mal mirao, pero yo creo que son las ganas de sacar esas notas, a ser posible sin estudiar, y no poder conseguirlo. O no querer simplemente sentarte delante del libro, pero tampoco quedarte sin la minicadena que te han prometido tus padres si apruebas el curso. Digo yo que lo mío debía tener más delito, porque a mí nunca me prometieron minicadenas si aprobaba. Supongo que estaban acostumbrados; supongo que era mi obligación que yo no sentía como tal. ¿Se tiene que hacer...? Se hace y punto. Y ya'stá. Esas cosas ya las dejaba para los Reyes Magos, que para eso es su trabajo.

Y no digamos de asuntos carnales. Le casaron con 13 años, y todavía no se había enterado ni de cómo venían los niños, ni intenciones tenía de descubrirlo. En eso también me parecía un poco a Gandhi; a esa edad casi que me habían traido los Reyes una Barbie. Eso sí, fue la última. Y ya la acostaba desnuda junto al Ken. En eso le llevaba yo ventaja.

Con el tiempo descubres que las verdades no dichas no crees que lleguen a ser mentiras, que hoy me dejo copiar yo para que mañana te dejes tú, que la inocencia va dando paso a la maldad sin que casi haya término medio, que ser niño no estaba tan mal porque estudiar no es tanto como parece. Y que un examen es el menor agobio que puedas tener en esta vida.

Mírame, que hoy día además de estudiar, tengo que trabajar, y llevar la casa p'alante, limpiarla y pagarla. Sin la paga de los papis. Sin que mami me haga la comida. No estaba tan mal ser niño. Más que nada, no era tan complicado como nos creíamos, que se tenían que enterar los niños lo que significa ser mayor. Qué prisas por crecer..., si pasada cierta edad lo que te entran ganas es de descumplir años.

Pero no, no me cambio por un niño, por muy sencilla que me parezca hoy día vivir la vida con aquellos años. Me quedo con la inocencia de entonces, que sigo siendo un poco "Alicia en el País de las Maravillas", pero con la vida de ahora. Que creo que no me la va a robar nadie, esas ganas de creer, de soñar, no me la va a robar nadie, ni ninguna experiencia que me siga dando la vida, por tantas y tan variadas con las que me haya amenazado.

Si Peter Pan viniera, seguro que salgo de nuevo volando tras él...

Por favor, no dejes de escuchar esta canción...

Puedes contar conmigo

He vuelto porque escuché hace unos días esta canción y su letra me trajo buenos recuerdos.

Pero a pesar de esta breve incursión estoy obligada a mantenerme en silencio durante un poquito más. Falta poco más de una semana para el examen. Aunque ya me di por vencida hace tiempo, y con razón, puesto que, tal como preveía, no he sido capaz siquiera de leer una sola vez el temario (cuanto menos estudiarlo), debo aprovechar hasta el último momento para no hacer el ridículo que me temo que voy a hacer. No pretendo que me consoléis, voy concienciada.

Desde los tiempos de la facultad guardaba un boli de la suerte. Me lo regaló alguien que ayudó mucho a devolverme la confianza en mí misma. Alguien que necesitaba conocer en aquel momento y cuando cumplió su cometido desapareció, se lo llevaron las circunstancias. Me lo regaló como boli de la suerte, eso me dijo, "te voy a buscar un boli de la suerte". No sé si porque llevaba razón en que me acompañaría la fortuna con él, o también esa confianza que me ayudó a tener en mis posibilidades, que ese año bordé los exámenes. Creo que la nota más baja fue un siete y pico. Fueron mis últimos exámenes. Decidí entonces guardarlo para las oposiciones.

Ha llegado el momento de presentarme a ellas, y resulta que no puedo usar ese bolígrafo, necesito un lápiz del número dos para afrontarlas. Ya me he comprado uno, pero no es "mi lápiz de la suerte" (¿alguien me quiere enviar uno...?)

Pensaba que me iba a liberar tras ese día, pero hace poco supe que tengo que volver a enfrentarme a otro examen seguramente tras el verano. Aunque ya no me pesará tanto, y me lo tomaré de forma diferente, con opción incluso a que pueda aprobar. Porque a ese voy concienciada de que puedo hacer mucho, de que tengo tiempo para afrontarlo, y de que soy una tía lista que puedo hacer lo que quiera si me pongo un poquito y no fuese tan experta en perder el tiempo y las ganas...

Mientras tanto, amigos, os veo a todos tras el diez de mayo. Si el Sevilla ganó su primera Copa UEFA en una fecha así, por qué no podría yo ganar mis primeras oposiciones...? (me parto, juas)

Espera un poquito más...

De pequeña me gustaba ir a verle a la tienda. Casi más por los flanes y los pastelitos de la Pantera Rosa que por verle a él, porque él vivía lejos y así le sentía, y yo era una niña y me encantaban los dulces.

Recuerdo que siempre me hacía mirar al cielo buscando "un pajarito sin cola", y aprovechaba ese momento para sorprenderme haciéndome cosquillas bajo el mentón.

Hace una semana fui a verle. Se había roto un brazo. Y yo pensaba que tenía que ir a visitarle más a pesar de la distancia, que está muy mayor y no hemos pasado tiempo juntos; que esta vez había sido el brazo, pero con 88 años en breve me podrían dar otro susto.

Se alegró mucho de verme. Me dio una retahíla de besos y yo me emocioné. Nunca me había dado tantos. Quizás de pequeña.

Le dije que pronto iría a verle de nuevo.
Y él respondió "al cementerio".
Lleva tiempo sin ganas de vivir. Me apenó muchísimo oírle decir eso. Porque además podría ser cierto.

El viernes me dijeron que estaba muy malito. Iba camino del trabajo y no podía pensar, conduciendo no llegaba a pensar. Llegué con la intención de trabajar, aunque al llegar me dí la vuelta en dirección al hospital, otras tres horas y media más de viaje. Pero no podía esperar a verle. Por si era la última vez, y no quería perdérmela. Porque ya en otra ocasión supe que iba a ser la última y no me dejaron aprovecharla.

Hace un par de noches estuve velando su sueño. Como habría hecho él seguramente alguna que otra vez cuando yo era pequeña. Es curioso cómo al envejecer nos hacemos también más niños.
Pasé la noche estudiando y cuando el cansancio me vencía, recordando. Creía que no tenía tantos recuerdos de él, pero parece ser que sí. Los flanes, los pastelitos de Pantera Rosa, los pajaritos sin cola...

Pasé la noche intentando que estuviese cómodo, que no le faltase nada. Pero, pobre hombre, todo le parecía bien, no se quejaba de nada, es un cachito de pan. Siempre pecó de exceso de bondad. De esos que dices que de tan buenos son tontos.

Una lástima que no fuese lo feliz que mereciese estos últimos años, aun sin saber cuántos serían esos últimos. Una mujer a la que nunca supimos entender, a la que no supimos ayudar, contra la que nos empeñamos en luchar. Y es que nadie en la familia aceptaba que mi abuela tuviese una enfermedad mental, aunque fuese evidente. Su objetivo en la vida era acumular: cosas, dinero... y aun así vivían en la miseria; y así, mi abuelo a su vez, vivía sumido en la pena. Una vida de duro trabajo para acabar así. No lo merecía. Quisimos darle unos últimos años felices, pero allí estaba la sombra de su mujer para desbaratar los planes. Y contra su enrevesada mente no podíamos luchar. No supimos cómo ayudarles.

Así se fue poco a poco consumiendo.

Hoy me ha llamado mi madre. Los médicos dicen que será cuestión de días. Es lo que yo pensé en cuanto lo supe, dada su avanzada edad y las complicaciones que se producen de cualquier minucia a esos años, más aun tras la caída.
Pero cuando el lunes despertó, después de haber descansado casi toda la noche, y se tomase el desayuno con tanto apetito pensé que no, que no era esta vez. Que sería otra, pero ésta no.

Sigue con el mismo apetito, le han retirado los sueros y se sienta en el sofá. Viéndolo así cuesta creer que en los próximos días no esté. Todo el mundo lo sabe, pero nadie quiere aceptarlo. No llego a creerlo.

Quizás es el momento de los arrepentimientos. Y yo no puedo evitar pensar que debería haber pasado más tiempo junto a él.

Abuelo, espérame, que en los próximos días te llenaré otra vez de besos. Y tú tienes que estar ahí para dármelos.

Aunque nunca le dije "te quiero", sé que nunca es tarde para hacerlo. Pero cuesta tanto aprender a hacerlo precisamente ahora...

Besos de película

Vio la película que le comenté y me contó un secreto. Ssssh, no se lo diré a nadie...

Me hizo sentir bien que encontrase en mí esa confianza. Supongo que conoces esa sensación. Es como si fueras, al menosun poquito, importante para alguien.
Me resultó curioso que casi sin conocernos, de la noche a la mañana, y nunca mejor dicho, ni de forma más literal, empezó a confesarme muchas de sus cosas, "no sé por qué te cuento ésto", mientras yo me callaba algún secreto, y seguro que él muchos más.

No le conté lo especial que era para mí esa película, era algo que sólo sabía otra persona; mientras él me contaba que viéndola recordó aquellos besos, que añoraba aquellos besos. Aquellos en los que sientes, dulcemente, el alma del otro en los labios, aunque sólo te la ofrezca por esos instantes. La dulzura que se mezcla con la intensidad. La intensidad del sentir. Los besos de película que se dan en la realidad.

Y yo, que le había creído un malabarista de las miradas, un ladrón de besos no robados, y repartidor de suspiros, tuve delande el talón de Aquiles de su ternura; y ante su vulnerabilidad confesa, sólo supe responderle "Sé de qué besos hablas". Lo sabía realmente. Los recordé en ese mismo instante y quise volver a sentirlos.

Él me contaba sus secretos y yo no supe, no pude, decirle que arrastraba un alma de Diógenes de los recuerdos. Aunque ya lo sepa. Sin haber dicho nada.

(Ahora ya lo sabes...)

El final... del verano... llegó...

El final del verano está llegando... Y con él tantas despedidas de amores estivales... Esos que seguramente todos hemos vivido, con tanta ilusión mientras lo exprimes en cada día de sol, en esa ciudad extraña para él, para tí, o para ambos... con tanta incertidumbre a la hora de despedirse, sin saber si será un "hasta luego" o un "adios"... Condenados la mayor parte a morir tan súbitamente como nacieron...

Los he recordado hoy, que se acerca el final del verano, que para algunos ya se acabó simbólicamente junto a las vacaciones, mientras escuchaba una recopilación de música, y surgió una canción de Laura Pausini entre estas canciones... Y me vino a la mente aquel amor de juventud (una no es demasiado vieja, pero hay cosas que va dejando atrás...), aquel que viví junto a esta canción que me recordaba a él. Cuando los kilómetros nos separaron y las cartas eran prácticamente el único alimento. ¡Ay, soñadora juventud!, ¡qué ilusos que éramos...! Fíjate cuánta inocencia, que para mí el amor era tal como lo cantaba la Pausini...

Mi rubi l'anima

Scrivo sul quaderno è tutto tempo perso e tu
che sei aldilà del mare ed io non ho che te
qui dentro l'anima
Disfo le valigie e chiamo le mie amiche e poi
ho ancora da studiare ed io che cerco te in quelle pagine
Da domani tutto come sempre tornerà
La gente il traffico in città
Non voglio amare più così

Come vorrei odiarti farti anche del male, ma
vorrei soltanto averti qui con me non voglio amare più così
Io senza te che vita è

Ogni sera esco e tu sei li che guardi me
Da quella foto al mare ed io ti chiuderei in una scatola
Mi ha telefonato quella che non amolla mai
ma se l'amassi forse io potrei con lei dimenticare te
Poi delle vacanze quanto se ne parlerà
Storie leggere dell'età non voglio amare più così
Voglio anche scherzare non drammatizzare ma
più parlo e più ti vedo qui con me non voglio amare più così

Io senza te che vita è
Non voglio amare più così


Fíjate, si hasta me gustaba escuchar a Laura Pausini... ¿No inspira esto ternura ante alma tan inocente...?

Me han venido a la mente otras canciones del estilo, que fueron inspiradas por esos amores de verano.

Como la que escribió mi amigo Israel Rey, que no está entre sus mejores canciones a mi parecer, pero es un buen ejemplo de este tipo de canciones

Podéis disfrutar de mejores canciones de este artista (lástima que nadie le dé la oportunidad para demostrarlo) en otras dos canciones que ya subí en mi anterior blog:
Miedo a quererte
Eclipse

Actualización: He solucionado el problema que había en estas páginas para poder escuchar las canciones de Israel, estáis invitados a escucharlas, merecen la pena

En fin, como colofón, la conocidísima canción del Dúo Dinámico, el summun de la representación de estos amores de veranos... ¿Quién no la ha tarareado alguna vez...?

Seguro que hay muchos más ejemplos... Quizás queráis colaborar a ampliar la lista...