Hace unos días fui a una misa. Yo, que no fui ni a la de mi Primera Comunión. Pero era una misa por un ser muy querido de la persona más querida, y no pude decir que no.
Acudir a tal evento me ha hecho despreciar aun más la Iglesia. Aun retumban dentro de mí los "Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa" que entonaban los presentes mientras se golpeaban el pecho para resarcir de este modo sus pecados. Esta frase me ha hecho recordar que la Iglesia no quiere seguidores, sino esclavos, súbditos, gente dispuesta a creerse pecadora sólo por el hecho de existir, gente que se sienta culpable sólo por el hecho de existir. La ley del miedo. Si pecas, irás al infierno.
Y todos, señoras y señores, todos los seres humanos somos de algún u otro modo pecadores. Es inherente a la condición de ser humano. Lo que no entiendo es que por el mero hecho de contárselo a un señor que va vestido de largo, al que por culpa de ésto han convertido en el ser más cotilla del mundo, me den el pasaporte para ir al cielo, y si no, vía libre hacia el infierno.
Hay pecados que nunca contaré; los hay que conté y me arrepentí, o que no conté y me arrepentí, o simplemente no me arrepentí aun siendo consciente de ello. Porque no los considero pecaminosos, o porque simplemente tuvieron una razón para que así hubiesen existido.
Y sin embargo me creo buena persona, o al menos lo intento, porque al fin y al cabo ser persona incluye ser imperfecto. No tiene que mediar la Iglesia ni el miedo por delante para que yo quiera ser así. No necesito ir a misa para demostrárselo a nadie, más allá que a la gente que me rodea, ni lo hago porque espere ir a un incierto Cielo, sino para poder tener un poquito de ese Cielo en la Tierra.
A pesar de todo, creo que las bases del cristianimo, si borramos esa sumisión, esa sensación de culpabilidad y demás cosas que no tengo muy claras si las dijo Dios o la Iglesia, son buenas. Ya lo dijo Sabina: "Jesucristo, el primer comunista". Y es bueno querer ser bueno.
Pero alguien quiso hacer de sus palabras un negocio. Tu miedo da poder a otros. Y así fue cómo, usando este miedo del pueblo llano, se forraron de dinero y poder en antiguas épocas curas, obispos, sacerdotes y demás, cambiando la historia a su antojo para usarla en beneficio propio. Y esta manera de interpretar la palabra de Dios aun pega sus coletazos cuando dejan que sean otros los que piensen en tu lugar qué está bien o qué está mal, los que someten tu voluntad a tal grado de sumisión.
A lo que quería llegar... Que asistir a esa misa por la que ha surgido todo este discurso me ha hecho insistir en algo que tengo muy claro. Se lo he dicho a mi pareja y se lo he dejado muy, muy clarito. Si me muero antes que él, que va a ser así, porque soy muy puñetera y me voy a ir antes para no quedarme llorándole, que mejor me llore él, decía, que si me muero antes, ni se le ocurra hacerme una misa ¡Ni-se-le-o-cu-rra! Que le tengo advertido, con estas mismas palabras, que como se atreva soy capaz de venir del otro mundo a darle por culo por no cumplir mis últimos deseos... Y sabe que soy capaz....
