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Terra
La Coctelera

Categoría: Dentro de mí

Liberación

A veces, las cosas que se callan duelen dentro más que las que se dicen.

Hay personas a las que les pierden las maneras. A mí, por el contrario, me pierde mantenerlas en todo momento, que por no perder la clase y tener educación, he callado cosas que tendría que haber dicho entonces.
Y al final, por no herir a quien ni siquiera merecía ese tratamiento, acabo haciéndome daño yo.

Tenía un dolor que quemaba, un dolor que se escondía tras cada esquina y me acechaba con demasiada frecuencia. Me molestaba para vivir.

Ayer decidí arrancármelo. Dije lo que tenía que decir hacía demasiado tiempo. Tanto que no era el momento ahora. Pero lo hice. Bajé hasta los infiernos para buscar las palabras. Busqué sus puntos débiles y se los engrandecí. Clara y concisa, sin extenderme más de lo necesario para no perder el tiempo en personas como ésa. Hice daño a posta. Por unos instantes me convertí en algo irreconocible, un ser malvado que sólo pensaba en humillar a otra persona. Aunque no me importó; esa persona me había humillado primero, y cuando sucedió sólo quise justificarlo y hasta dar explicaciones que no tenía por qué dar, como si estuviese sufriendo una especie de síndrome de Estocolmo. En aquel momento quise demostrar que yo estaba por encima manteniendo mi clase. Y ya me cansé. Era hora de dar a cada uno el trato que merece. Basta de cordialidades innecesarias.

Fue una liberación. Y me quedé de a gusto...

Intentó devolvérmelo, pero yo estaba fuerte, estaba preparada. Quizás por eso tardé tanto en hacerlo, porque debía reunir la fuerza necesaria para que sus ataques no me doliesen. Y sus intentos de herir quedaron en unas carcajadas para mí, viendo que estaba tan tocada que no sabía por donde atacarme, tan ridícula inventando tantas cosas, que su ofensiva se volvió contra ella en forma de descrédito.

Creo que es la primera vez que busco la manera de hacer daño intencionadamente y pierdo las formas para hacerlo. Espero que sea la última. Espero que nadie se atreva a darme motivos para hacerlo de nuevo.

Desde ese instante, pienso que el mundo conspira para que yo pueda ser feliz. Y creo que no me va a costar nada conseguirlo...

Cristal

Cuando eres tan transparente corres el riesgo de que alguien se estrelle contra tí, rompiéndote en mil pedazos.

Ay, amigo...

Con la noche por amante, los oscuros tugurios donde parecer crápula o serlo, de suspiros bohemios, de miradas furtivas, de caricias bajo cuerda, dando la espalda a la rutina, con la soledad de elegida compañera entre tantos corazones que pudiste elegir, y tantos otros que rompiste, con no más horarios que es de día porque te levantas y de noche porque te acuestas, sin mirar al cielo para ver sol o estrellas, sin mirar el reloj para comer y dormir, ajeno a los tic-tacs...

Con la sonrisa de la vida en el filo de una navaja, las borracheras de piel y licor, el frío que abriga una cama vacía al amanecer, que guarda aun el calor de la madrugada pasada, con el juego de miradas que sólo tú sabes hacer, con tus palabras embaucadoras y tu voz como arrullo roto.

Las ciudades tan llenas de gente y tan vacías de personas, que pasan a tu lado y no existes, hasta que se cruzan de bruces contigo, de manera casual, o provocada. Un disculpe, un "¿estás sola?", un no dejar que lo estés nunca más, no al menos esta noche. Porque un instante es tan eterno como queramos que sea.

Caminar de madrugada por calles vacías y degustar el sabor de la fría noche, de las horas en calma, en las que todos duermen y tú les miras. De sorprender la mañana como un ladrón que entra por la ventana para robarte el sueño, o para devolvértelo pidiendo disculpas.

Te envidié, y quise ser como tú. Pero ya había elegido antes ser todo lo contrario. Y ahora no soy más que la mezcla de ser y de fui, de parecer y anhelar...
Sagitario de alas mojadas con la lluvia que un día invocaba para refrescar un corazón que ardía de vacío..

Inspirado en alguien famoso y en otras vidas bohemias anónimas que conocí, que quizá algún día, algunos instantes, pudieran haber sido la mía, o algo así...

Texto rescatado del 29/08/07. Me apeteció volver a publicarlo, puesto que creo entonces pasó desapercibido y quería compartirlo de nuevo.

Otoño en la piel

Hoy tengo el alma de lluvia.

Lo pensaba mientras veía las nubes deshacerse en gotas sobre las lunas de mi coche.

Apago la música,

quiero sentir poco más que el silencio.

Hoy tengo alma de lluvia

y frío en el cuerpo.

Aunque creo que ésta no es la lluvia de la que se me llenó hoy el alma...

Vulnerable

Deshacerse y fundirse. Ser una piel que no protege de nada, que no es barrera de nada, por la que se cuelan los sentimientos y las sensaciones a través de cada poro a pesar de las murallas que se hubiesen querido levantar.

Es curioso que seamos más vulnerable a lo que menos se ve.

Si un día se apagasen las estrellas...

Si alguien ama a una flor de la cual no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, eso basta para que sea feliz cuando la mira. Se dice a sí mismo 'Mi flor está allá, en alguna parte...' Pero si el cordero se come la flor, para él es como si, de repente, todas las estrellas se apagaran

El Principito

Pasado

*

Deja de ser el tiempo de,
o no nos atrevemos, o ya pasó,
decirnos "te echo de menos",
cuánto te quiero, te quise,
mirarnos como ayer.
Hoy no nos queda más que,
y pecamos al hacerlo,
desearnos buena suerte,
cuídate, te lo mereces,
que te vaya bien.

...de antigu@s bombardeos...

Espera un poquito más...

De pequeña me gustaba ir a verle a la tienda. Casi más por los flanes y los pastelitos de la Pantera Rosa que por verle a él, porque él vivía lejos y así le sentía, y yo era una niña y me encantaban los dulces.

Recuerdo que siempre me hacía mirar al cielo buscando "un pajarito sin cola", y aprovechaba ese momento para sorprenderme haciéndome cosquillas bajo el mentón.

Hace una semana fui a verle. Se había roto un brazo. Y yo pensaba que tenía que ir a visitarle más a pesar de la distancia, que está muy mayor y no hemos pasado tiempo juntos; que esta vez había sido el brazo, pero con 88 años en breve me podrían dar otro susto.

Se alegró mucho de verme. Me dio una retahíla de besos y yo me emocioné. Nunca me había dado tantos. Quizás de pequeña.

Le dije que pronto iría a verle de nuevo.
Y él respondió "al cementerio".
Lleva tiempo sin ganas de vivir. Me apenó muchísimo oírle decir eso. Porque además podría ser cierto.

El viernes me dijeron que estaba muy malito. Iba camino del trabajo y no podía pensar, conduciendo no llegaba a pensar. Llegué con la intención de trabajar, aunque al llegar me dí la vuelta en dirección al hospital, otras tres horas y media más de viaje. Pero no podía esperar a verle. Por si era la última vez, y no quería perdérmela. Porque ya en otra ocasión supe que iba a ser la última y no me dejaron aprovecharla.

Hace un par de noches estuve velando su sueño. Como habría hecho él seguramente alguna que otra vez cuando yo era pequeña. Es curioso cómo al envejecer nos hacemos también más niños.
Pasé la noche estudiando y cuando el cansancio me vencía, recordando. Creía que no tenía tantos recuerdos de él, pero parece ser que sí. Los flanes, los pastelitos de Pantera Rosa, los pajaritos sin cola...

Pasé la noche intentando que estuviese cómodo, que no le faltase nada. Pero, pobre hombre, todo le parecía bien, no se quejaba de nada, es un cachito de pan. Siempre pecó de exceso de bondad. De esos que dices que de tan buenos son tontos.

Una lástima que no fuese lo feliz que mereciese estos últimos años, aun sin saber cuántos serían esos últimos. Una mujer a la que nunca supimos entender, a la que no supimos ayudar, contra la que nos empeñamos en luchar. Y es que nadie en la familia aceptaba que mi abuela tuviese una enfermedad mental, aunque fuese evidente. Su objetivo en la vida era acumular: cosas, dinero... y aun así vivían en la miseria; y así, mi abuelo a su vez, vivía sumido en la pena. Una vida de duro trabajo para acabar así. No lo merecía. Quisimos darle unos últimos años felices, pero allí estaba la sombra de su mujer para desbaratar los planes. Y contra su enrevesada mente no podíamos luchar. No supimos cómo ayudarles.

Así se fue poco a poco consumiendo.

Hoy me ha llamado mi madre. Los médicos dicen que será cuestión de días. Es lo que yo pensé en cuanto lo supe, dada su avanzada edad y las complicaciones que se producen de cualquier minucia a esos años, más aun tras la caída.
Pero cuando el lunes despertó, después de haber descansado casi toda la noche, y se tomase el desayuno con tanto apetito pensé que no, que no era esta vez. Que sería otra, pero ésta no.

Sigue con el mismo apetito, le han retirado los sueros y se sienta en el sofá. Viéndolo así cuesta creer que en los próximos días no esté. Todo el mundo lo sabe, pero nadie quiere aceptarlo. No llego a creerlo.

Quizás es el momento de los arrepentimientos. Y yo no puedo evitar pensar que debería haber pasado más tiempo junto a él.

Abuelo, espérame, que en los próximos días te llenaré otra vez de besos. Y tú tienes que estar ahí para dármelos.

Aunque nunca le dije "te quiero", sé que nunca es tarde para hacerlo. Pero cuesta tanto aprender a hacerlo precisamente ahora...