Publicidad:
Terra
La Coctelera
0

Cómo demonios se hacen unas maletas en estas fechas con este tiempo

Mañana debería estar haciendo una maleta de bikinis y shorts, y en su lugar creo que van a ir las primeras mangas largas y zapatos cerrados. No me doy cuenta de que septiembre es verano casi todo él pero que, a la vez, al final es ya otoño, y otoño significa vuelta al frío, al cole (porque yo también vuelvo al cole), a las rutinas, y no vacaciones en la playa.

 

El lugar, curiosamente tras haberlo meditado mucho, fue una decisión precipitada. De haberlo pensado mejor hubiese elegido el norte, o un multiaventura (yo tenía muchas ganas, pero es que él no es tan aventurero como yo), un lugar de interior bonito de conocer, o lo que fuese. Pero no una playa de septiembre en la que no hay nada más que hacer que playa, todo éso si el tiempo es algo más benévolo de lo que está siendo en los últimos días. Porque casi ni playa me temo que tendremos...

 

Habrá que llevarse libros, y el portátil, y paseos por la playa, y aceite de masajes, y ganas de un café en una terraza aunque no sea en tirantes, y un mapa para ver qué sitios podremos visitar, y ganas de estar juntos, de volver a conocernos, y música; y té, para que en el peor de los casos me siente en el suelo, junto al ventanal, y con mi taza calentita vea la lluvia caer... Aunque tengo esperanzas de poder hacer mucho más que eso.

 

Ya sé que me gusta llevar la contraria, que cogerme las vacaciones en estas fechas pudiendo elegir es sólo un síntoma más de ello, pero recordadme que el año que viene no pase de la tercera semana de septiembre para poder disfrutar de mi veranito, que siempre acabo disfrutando primaveras tardías y otoños tempranos....

3

Quien la persigue...

Cuando quiero algo, me pongo cabezota hasta que lo consigo. Claro, que si lo consigo, ha merecido la pena ese esfuerzo. Si deseara con tantas ganas aprobar las oposiciones como ir al concierto de Nek, seguro que habría quedado la primera...

Busqué un compañero para que me cubriese esta tarde-noche, reservé hotel, hice maletas, y allí que me planté. Sabía que no sería el concierto de mi vida, porque a mí lo que me gusta es escucharlo en italiano (iba a hacer un poco el ridículo no sabiendo ni una letra, porque nunca las escucho en español), pero sólo el hecho de verle cantar allí en directo me habría merecido la pena.

Paseando por la ciudad llegamos al escenario casualmente cuando estaban ensayando. A lo lejos pensé que era sólo la banda, pero a medida que nos acercábamos pude ver que también estaba él. Corre que te corre, busca la cámara, no, leches, que se va, ¡no te vayas!, "¡non te ne andare ancora!", pero él saluda con un "bueno, chicos, dentro de un rato nos vemos", y coge el camino hacia el backstage. Y a mí, que entre tanta carrera y tanto nervio, no me da tiempo a sacar la cámara cuando lo tengo a menos de diez metros de mí...

Pero llegados a este punto  yo no me iba a rendir tan fácilmente, no... Seguí sus pasos hacia el backstage con la mirada, y con algo más que la mirada, porque vaya carrerita, hasta que llegó a una valla recubierta con una lona y no lo pude ver más. Rodeé la valla para buscar un hueco por donde verle, una zona más en alto que me facilitase la vista, y al fin di con el lugar desde el que al menos pude verle a lo lejos.

Estaba bajando las escaleras, y lo llamamos. Yo no veía casi nada. Mi chico, que me saca una cabeza, no le perdía de vista y lo llamó: "Filippo, un attimo!" Él hizo un gesto como de "espera" mientras hablaba con otras personas, y poco después se encaminó hacia la zona de la valla donde estábamos (todo ésto retransmitido, porque yo seguía sin ver nada desde que bajó del escenario) En ese momento, mi reportero particular de la jugada me dijo "corre, corre, que me ha visto y viene a por tí". Y corrí hacia allí.

No me lo podía creer mientras me acercaba, menos aun cuando le ví aparecer. Abrió la valla, le pedí por favor si podía hacerse una foto (supongo que el saber italiano ayuda a empatizar), se agarró a mi cintura bien estrechito (insisto, he dicho "se agarró a mi cintura", y no "me agarré a su cintura"), yo aproveché el momento para sentirlo un poco más cerquita, dejé de babear para la foto (de sonreír era imposible), y de lo que no pude dejar fue de temblar durante no sé cuánto tiempo... En cuanto nos hicieron la foto se volvió a meter para dentro. No me lo podía creer!! Había salido sólo para hacerse la foto conmigo, y lo había tenido tanto cuan cerquita me hubiese permitido el que nos hacía la foto (que por mí, algún acercamiento más no me hubiese importado)

Uno de mis mayores sueños hecho realidad. Lo era sólo poder ir al concierto, cuanto menos la exclusiva de tenerle cerquitísima y sólo para mí en esos momentos, que salió para hacerse la foto sólo conmigo!

Después de ésto, señores, qué me queda por pedir...

Menudos ojazos calza...

¿Es o no es para salir temblando de allí...?

2

Nek en concierto

Anoche, ya muy tarde, me enteré de que en un par de días mi amado Nek (bueno, amado... no confundamos amor con sexo...) da un concierto en España, el único hasta ahora, que yo sepa, en el país. Y yo precisamente ese día estoy trabajando. ¡¡Mierda!!

De haberlo sabido unos cuantos días antes me hubiese pedido el día, que yo por Nek voy donde haga falta, aunque sea al borde del mundo con medio pie fuera, más aun si me encanta cual rata de Hamelin con su "Notte Bastarda" (chiquillo, no lo hagas, que esa canción es muuuu peligrosa, y ya sabes que yo soy muuuu sensible, y que no puedo, que si me la cantas me derrito y no voy a tener más remedio que dejarme acariciar por más que melodía y palabras....) Que lo mismo no hace falta ni que me cante, que sólo con esa mirada ya me encandila, pero si hace falta, sigo tras la flauta hasta caer por el barranco...

Para colmo ¡es gratis! Y para re-colmo, me he podido enterar de que un buen amigo va a ir (mucho vas a tener que hacer para que te perdone que no me hayas avisado, empezando por tropecientas fotos del concierto -las quiero bien cerquita-)

Aun estoy dándole vueltas y más vueltas, pensando en cómo poder escaparme, cómo convencer a algún incauto de que me cubra el domingo para poder disfrutar de esa "Noche Bastarda", de esos "Attimi", para plantarme allí, sin haber sabido con antelación dónde quedarme, cómo organizarme, qué voy a hacer, ni tener plan alguno...  Sin llevarme poco más en la mochila que la tremenda ilusión que tengo por verlo en concierto...

Que, además, no he ido nunca a un concierto suyo... A la vejez, viruelas, y estoy haciendo ahora todas esas cosas que me salté hacerlas en aquellos años de juventud, y asistiendo a todos esos conciertos que me hubiese tocado ir cuando era más jovenzuela  (vaaale, no tengo tropecientos años, pero ya tengo "cierta edad" para ir pensando en dejar de hacer todas esas locuras juveniles... O mejor, quizás no...)

Lo malo es que no voy a tener que preocuparme demasiado por ello, porque es prácticamente imposible que a estas alturas tenga opción alguna de pedirme el día y estar libre para poder ir. Buaaaaaah...!!!!!

Aunque de ilusión también se vive...

La parte buena (quien no se consuela es porque no quiere) es que así al menos tendré la excusa para en cualquier momento cogerme un vuelo de bajo coste y plantarme en Italia un día, para verle y escucharle cantar en italiano, que es como realmente merece la pena... (aunque para verle no hace falta que cante en italiano, ni en español, ni siquiera que hable. Joío!)

Aquí tenéis un ejemplo en español

Aunque lo prefiero mil veces más en italiano, me dice mucho más la letra, más intensa, con mucho más significado (y con más "mala" intención, diablillo...):

2

Poder hacer

Hoy quiero volver un poco a la rutina de romper con la rutina.

Por fin he terminado el curso que me robaba tanto tiempo, o más bien el que no he tenido tiempo de terminar hasta ahora por tantos y múltiples motivos sumados a la pereza y al tengo tantas cosas que hacer...

Mi casa ya parece más casa y casi, casi hogar, aunque aun quedan rincones a los que dar forma, trastos que ordenar tras puertas que los ocultan y algún asuntillo de ama de casa por solucionar.

Pero hoy me siento como si hubiese recuperado el tiempo. El tiempo para mí. Y creo que eso me ha animado a escribir, aunque hoy precisamente no tuviese mucho que decir. Simplemente que estoy contenta por poder dedicarme tranquilamente y sin presiones a las cosas que quiero. Y seguramente también a las cosas que debo, aunque, sinceramente, para esas no tengo prisas y lo dejaré para un poquito más adelante, cuando haya podido hacer tantas y tantas cosas de las que quiero.

Pasear tranquilamente, salir cámara en mano y aprender de fotografía y retoque fotográfico, volver al gimnasio tras el verano, disfrutar del deporte con otros amigos, alguna escapadita a algún lugar cercano siempre en buena compañía, leer (aunque por suerte en el trabajo siempre encuentro algún momento en la noche que me permite disfrutar de ello), descubrir esos rincones que me quedan por descubrir de esta la que es mi ciudad desde hace año y medio, beberme un té rojo en alguna cafetería que me sorprenda al tenerlo, disfrutar cocinando para mis nuevas amistades, buscar esos muebles y detalles que faltan para mi hogar, estar recostada en el sofá mientras él me acaricia el pelo sin prisas, ver una película, animarme a pintar con mis nuevos lápices Alpino (yo, que siempre fui un desastre, aun pretendo intentarlo...), escribir en alguna de esas preciosas libretas que nunca me atrevo a empezar por manchar con mis garabatos insultando a la belleza de sus tapas...

Me parece que he hecho demasiados planes. Voy a empezar por tender la ropa y luego ya veremos...

Pero, lo importante, es que tengo ganas.

10

Durante estas vacaciones...

  • Me ha salido mi primera cana. Lo descubre mi pareja justo en la boda de mi ex. Aunque esta boda fuese muchísimo más una alegría que un disgusto. El disgusto hubiese sido que siguiésemos juntos. Pero es que los 30 no perdonan, y menos aun con la de disgustos que me han traído desde que los cumplí.
  • He cogido casi todos los medios disponibles para llegar a Francia: coche, avión, autobús, tren... Es lo que tiene viajar de pobres.
  • He estado por primera vez en un hotel de cinco estrellas, en la playita. Es lo que tiene encontrar ofertas, porque seguían siendo las mismas vacaciones de pobre que las de antes. Así que deduzco que además de la primera,será también la última vez en mi vida.
  • He pagado más por el sobrepeso de mi maleta que por el billete de avión de dos personas. Y eso que sólo me pasé 4'5kg. (cabrones de Ryanair, que tienen el límite en 15kg!!) Si me llegan a cobrar por el sobrepeso que cogí comiendo en la playa, seguro no me dejan montar en el avión. Y si no me llega a avisar un amigo, que lo vivió en propias carnes tal atraco, también me cobran 40€ por no facturar online. Vamos, que he descubierto de dónde sacan lo que directamente no ganan las compañías aéreas de Low-Cost.
  • He comido mucho y bien, y también mucho y mal. He echado de menos verduritas y fruta, quién me lo iba a decir. Y no sé cómo me las he arreglado, que no he probado la cocina francesa! (bueno, los deliciosos crepes de Nutella de Nimes lo compensaron todo...)
  • He dado con una nueva ecuación: 2 meses sin gimnasio + 2 semanas de vacaciones + comer como una bestia + alimentación desequilibrada + estar tumbada sin hacer ni el huevo = Operación antibikini (con el trabajito que costó la operación inversa, y lo pronto que se van los resultados...)
  • He estado tirada más de hora y media en el aeropuerto de Reus esperando mi autobús hacia Barcelona Sants después de que se llenase el primero, esperase estoicamente bajo un sol de justicia la cola para el segundo, y se me colasen la gente que estaban en la sombra para llenar de nuevo el segundo autobús. Nos dijeron que mandarían otro. Y llegó un microbús preguntando por nosotros. No nos cobró a ninguno (algunos habían comprado el ticket en los autobuses en los que se quedaron sin plaza, y otros, como nosotros, viajamos de balde). Eah, pa compensar mínimamente los 60 euracos del sobrepeso de la maleta.
  • Nada más llegar a la estación de Montpellier me pide el primer cani francés que me cruzo dinero. Y no le bastó con mi "Je ne comprends pas" a la española, que me lo pidió también en inglés. Pero no supe cómo se dice "no tengo" (me lo ha robado Ryanair)
  • He repasado media vida, literalmente media, junto a mi mejor amigo sobre las aventuras que hemos vivido en nuestro grupo desde que nos conocimos, con palabras y con fotos, recordando y volviendo a reír.
  • He hecho de enfermera particular de este amigo y su dolor de muelas. Ha pasado de incrédulo de las medicinas naturales a agnóstico, puesto que vio que la digitopuntura no daba mal resultado (mejor aun que el paracetamol que estaba tomando a falta de otra cosa)

  • Hicimos una pequeña excursión al Gouffre de l'Oeil Doux à la montagne de la Clape, una espectacular sima junto a un macizo rocoso de altura considerable. Estábamos avisados de que el lugar era peligroso para el baño, que ahí había desaparecido gente, pero no imaginé que también lo fuera tanto subir como acabamos nosotros subiendo sin darnos cuenta (queríamos verlo desde abajo, pero nos equivocamos de camino) Desde allí arriba, a un metro del borde de una caída sin posibilidad de salvarse, y sin vallas para evitarlo, he sentido la mayor sensación de vértigo de mi vida, acompañada de saber que un mal paso, un resbalón, podría acabar con la vida de cualquiera de nosotros. En ese lugar vivimos un rescate en directo. Escuchamos sirenas de bomberos, y pudimos divisar entre las rocas de abajo a alguien que estaba siendo asistido. Ahí sentí más miedo aun sabiendo lo que nos podría haber pasado. Cuando nos marchamos nos cruzamos con alguien que acompañaba a esa persona, y nos dijo que estaba bien (a pesar de que a mi parecer todo indicase lo contrario), por si otros acompañantes que nos encontrásemos por el camino preguntaban por él. Cuando cogíamos el coche de vuelta, nos sobrevolaron dos helicópteros en dirección al lugar del accidente. No supimos más. Me hubiese gustado saber que realmente no había sido nada grave, que cayó de una altura mínima y podrá recuperarse sin problemas. Imagen ampliada del círculo rojo (rescate), todo lo que dio de sí el zoom. A la altura que estábamos, no se tendrían ni que haber molestado los servicios de emergencia de haber sido alguno de nosotros (de hecho me pregunté si mi seguro cubría la repatriación...)
  • He viajado en tren el mismo día a dos ciudades diferentes: Avignon y Nimes. Y casi me quedo en tierra en la última cuando no encontraba manera de comprar el billete. Las taquillas cerraron a las ocho de la tarde, y los vigilantes nos mandaban comprar los billetes en unas máquinas que sólo aceptaban una tarjeta francesa. Había una que también aceptaba monedas, pero aunque hubiese tenido 16€ sueltos, puesto que no aceptaba billetes, ese día no funcionaba. Así que me indicaron que hablásemos con el revisor. Una vez en el tren, nerviosos porque no sabíamos qué podría pasar, buscamos al revisor, que por suerte hablaba español y le explicamos lo sucedido. Nos quiso tranquilizar, nos dijo que no nos preocupásemos, que nos sentásemos, y se marchó. Pensé que volvería para cobrarnos él el billete, pero no volvió. Llegamos a nuestra parada y el viaje, sin querer, otra vez como en Reus, nos volvió a salir gratis (ya nos quedaba menos para amortizar los 60€ de más de Ryanair...)
  • He pagado 48€ de tren, ida y vuelta por persona, para pasar una mañana, cinco horas, en la preciosa ciudad de Carcassonne. Menudos precios se gastan en el transporte estos franceses (ya no recuperamos ni de coña lo de Ryanair...)
  • He conocido en Francia a un legionario español, miembro de los Ultra Sur, cabeza rapada y tatuaje de una calavera con las siglas U.S. en el brazo, descenciente de una familia franquista, y he sabido, me han contado, que ha matado en Afganistán. Lo que no he podido entender es qué ha podido ver en él su novia, una guapa francesita de 19 años de lo más dulce y encantadora, no me pegaban ni con cola. Ya sé, la típica respuesta, me lo estoy viendo venir... El sexo no lo es todo, ¿no? Aunque con 19 años puede que esté cerca del todo... Yo de todas formas sigo preguntándome qué habrá visto en él que pudiera enamorarla a ella...
  • He vivido la fiesta de la música, una de las pocas noches, por casi no decir la única, en la que los franceses se echan a la calle, llenan todo de un ambiente increíble y se quedan despiertos hasta la madrugada. Por unos momentos he llegado a pensar que estaba en España...
  • Di de casualidad en unos grandes almacenes con la presentación del nuevo disco de Superbus, un grupo que debe ser bien famoso allí. Se estaban publicitando a través de un miniconcierto/firma de discos... Sonaban bien. ¡Y gratis!
  • Me han echado de una iglesia en Narbona por llevar falda por encima de la rodilla. El único día que me la puse, tiene narices. Sentí impotencia al no poder explicarme, diciendo que a pesar de la falda yo respetaba mucho más que esos a los que les suena el móvil dentro o hablan a voces...
  • En el avión de vuelta un azafato nos ha querido vender la moto de que había una famosa en el vuelo, y al final resultó ser una estrategia de venta de unos "rasca y gana" (sí, la famosa era la tarjetita esa). Hasta le compuso una canción con la melodía de "Una rosa y una flor" para conseguir más ventas. Eso sí, tuvo el efecto deseado, y entre aplausos el rasca y gana se vendió mucho más que a la ida, cuando se anunció con aquella monótona voz (aun me cuesta creer que se pusiese a cantar por la megafonía...)
  • Y os he echado de menos. Pero ya estoy aquí...
12

Intentando dormir la mona en un tren

En el tren de vuelta una voz igualita a la de Bebe, la cantante, el mismo tono, el mismo acento, me traladaba los oídos. Hubiese jurado que era ella de no haberla visto. Hablaba por el móvil en el vagón en un volumen un tanto molesto, como si no le importase el ruego de limitar su uso a las plataformas, el resto de los viajeros, ni que nos enterásemos de su conversación.

 

Yo quería dormir, tenía algo de resaca, había dormido bien poco gracias a ese sol tan madrugador que se colaba a través de las rendijas de la ventana, y en mi tontunez alcohólica no reaccioné para saber que sólo me hubiese bastado bajar la persiana para conciliar el sueño de verdad.

Este doble fónico de Bebe, una joven morena de rasgos algo agitanados, y risueño acento extremeño, como buena Bebe que se precie, se empeñaba sin embargo en no dejarme pegar ojo en el vagón, y en que todo el mundo supiese que el taxi del aeropuerto le había costado setenta euros, lo repitió cuatro o cinco veces mientras se reía por no llorar, y otras tantas cosas que no recuerdo porque no tenían para mí el mínimo interés, aunque con tanta insistencia en ser oída terminó por recabar nuestra atención, incluso alguna que otra sonrisa al viajero que se encontraba frente a mí, que parecía entretenido con sus conversaciones.

 

El móvil no fue suficiente, parecía que había comido lengua, y tras hablar con varias personas por teléfono, cogió por banda a otra viajera desprevenida, para amenizar su viaje, el de la viajera, y quizás el del resto que íbamos en el vagón.

Pudimos saber que venía de Alemania, donde había estado viviendo durante tres meses, y que cómo iba a aprender  ella el alemán, con lo difícil que era; extrañamente se enorgullecía en decir que ni una palabra en esos tres meses.

"Bueno, sí, sólo 'dankesun', o algo así que decían cuando se iban", dijo. 

'Dankeshen' me repetí mentalmente por lo bajito mientras el viajero de enfrente no paraba de sonreír tras cada mini-burrada que le oía soltar con total convencimiento y espontaneidad. "Dankeschön", y yo no estuve en Alemania y aunque sólo supiera cómo se escribe gracias a Google, pero al menos sabía que servía para dar las gracias.

"También dicen 'achún' cuando se van", añadió, como el que dice la onomatopeya de un estornudo. 

Otra vez gracias a Google pude descubrir que se trataba de la palabra " tschüss", "adiós" en alemán, porque de alemán tengo menos idea que ella, aunque sepa decir lo imprescindible: "gracias", "de nada", "te quiero" ¡Ah!, y "sacher", aunque la deliciosa tarta sea de origen austríaco. Lo suficiente para ser educada, no morir de hambre y llevarte algún buen recuerdo...

 

Gracias a ella he sabido también que "en Alemania" hay dos aeropuertos, "el de Alemania", y otro que está a 40km. Al final pude descubrir que "Alemania" era Berlín. Me sacaba sonrisas por ser tan espontánea, me recordaba hablando a un niño pequeño, con tanta inocencia repitiendo lo que le ha parecido oír por ahí, a la vez que me apenaba el que no tuviera tan limitaditos sus conocimientos, y tan pocas ganas de ampliarlos, hasta enorgulleciéndose de ser así...

 

En fin, que no sé qué hizo en Alemania para saber tan poco de este país, pero en unas horas de Fiesta Coctelera y con resaca encima yo recordaba mucho más...

(Joooo, y yo por qué no salgo en el libro después de 3 añitos coctelereando...?? No es justo   )

8

Aroma a feria del libro

Esta semana pasada he estado en la feria del libro. Aquí es pequeñita, sin grandes autores dedicando sus obras, y pocos puestos, pero me alegró ver que han sido muchas las personas que la han visitado.

Y he vuelto a caer. Sólo iba buscando un regalo, nada más, pero no pude evitarlo. Siempre me digo que no compro más, que ya tengo bastantes, que mi padre tiene la mayor biblioteca que yo pudiera desear al alcance de mi mano cuando quiera... Y siempre veo algún título que llama poderosamente mi atención y cedo a la tentación. Me pasa también con la ropa, o con el té y sus complementos, sé que tengo demasiado, que no debería comprar más, pero cuando veo algo que me gusta, soy así de caprichosa, se me olvida que me había dicho que no compraría nada más a menos que hiciera realmente falta, sabiendo que nunca habrá nada que me haga falta realmente, pero acabo comprándo eso que tanto me gustó y/o que vi tan barato. Es mi lado de compradora compulsiva-impulsiva, que abarca desde los más frívolos trapitos hasta el alimento del alma de los libros.

 

El regalo era el último libro de Miguel Dalmau, "La noche del diablo" que, ambientado en la guerra civil y muy bien documentado por parte del autor , me pareció una historia muy interesante para regalar a mi padre y, no vamos a negarlo, para que un día pudiera leerlo yo también...

No lo encontré, pero a cambio me hice con una versión de bolsillo de "Tokio Blues", de Murakami. No sé dónde había leído la recomendación, pero eso sólo fue un empujoncito para adjudicarme este título de dicho autor japonés, porque quien me conoce sabe que adoro Oriente, su cultura, su filosofía, el té, quisiera conocer todos esos lugares, y me gusta empaparme con todo lo que de allí proceda. Así que me atrajo de una manera instantánea, y quizás sea el próximo libro a leer (aun no me decidí desde que la semana pasada terminase las "Travesuras de la niña mala", de Vargas LLosa), a pesar que tenga que volver a dar largas a mi eterna lista de libros pendientes.

 

Esa tarde había salido también a la caza de un aroma. Encontré una oferta estupenda de un perfume que fue mi preferido durante la adolescencia, pero que el "sueldo" de entonces no me permitió tener nunca. Años después me encuentro oliendo "Obsession" de Calvin Klein y no acierto a saber por qué me gustaba, más allá de que sentía debilidad por los aromas profundos, especiados, dulces... Como vainilla, canela, pimienta, sándalo, chocolate... Pero esta vez el aroma de mi perfume preferido de entonces me ha parecido demasiado profundo, cargante, como de señora mayor que va a tu lado en el ascensor y no te deja respirar, te ahoga... Siguen estando entre mis preferidos los aromas con fondos profundos, dulces y especiados, pero ahora también me dejo seducir por olores más frescos, más afrutados, más sencillos, como esos enormes botes de colonia S3 que me regalaba un cliente cada vez que le hacía una visita (me junté con 3-4), y que he aprendido a apreciar más de lo que me podría haber imaginado. Además de los ya famosos perfumes de Yves Rocher, en los que cada uno es una fruta que atrapa tu olfato dulcemente, casi como una golosina.

 

Esto me ha hecho pensar si tanto he cambiado desde entonces para que uno de mis perfumes preferidos de entoces se me haya hecho insoportable. Y sí, casi creo que es una pregunta retórica, porque sé que no soy como en aquellos tempranos años de adolescencia, ni todo lo contrario que llegué a ser durante los años de universidad. Quizá haya llegado a un punto de equilibrio, aunque me extraña decir eso, puesto que creo que siempre tendré algo de desequilibrada, ejeje. Aunque conservando en todo momento la esencia de mí misma, esa parte de tí que no puede cambiar nunca, aquello que es lo que te define realmente a pesar del paso de los años

 

Cambios... Nunca me he marchado de aquí, al menos nunca me despedí, por lo que nunca puedo decir que he vuelto. Pero ahora que estaba haciendo un intento por hacer acto de presencia más a menudo, por no dar la sensación de que me fui, me voy de vacaciones, y cambio un poco de aires, cambio por unos días de ciudad, incluso de una ciudad a otra. Cambios que sé que os darán envidia a muchos que aun quedan ansiosos por que lleguen sus esperadas vacaciones... (ánimo, ya os queda poco!!)

 

Hasta la vuelta!

6

Cristal

Cuando eres tan transparente corres el riesgo de que alguien se estrelle contra tí, rompiéndote en mil pedazos.